miércoles, 29 de julio de 2009

Crónicas parisinas #5

En mi búsqueda de una milonga milonguera porteña de verdad (búsqueda ridícula fuera de Buenos Aires, pero...), alguien me recomendó hallar a "Luisito Bruni".

Me metí en Internet porque tengo que reconocer que nunca había escuchado hablar de Luisito Bruni. Y me enteré de que tiene una milonga en París tres veces por semana que, lujo entre los lujos, no cierra en el verano como la mayoría de los otros lugares. El lugar se llama Académie Esprit Tango.

Entonces allá fui un martes, convencida de que iba a encontrar a tres gatos locos mirándose aburridos.

Primero, me sorprendí de que un martes, a las nueve de la noche, estuviera repleto el lugar. El famoso Luisito Bruni todavía estaba dando una clase en una sala contigua al salón de baile, pero ya había bastante gente bailoteando.

El piso, horrible, un parqué en muy mal estado con maderas levantadas (pero que, precisamente, se cambiará a mediados de agosto, lo que promete hacer del lugar una pista muy interesante). La música, no muy buena, la verdad. El calor, agobiante. De milonga, casi nada, no hay mesas, algunos bancos alrededor de la pista, no muchos, no hay barra ni mucho menos posibilidad de comer, en fin, se trata más de una práctica que de una milonga, y de hecho en su sitio, Luis Bruni no pretende engañar a la gente y dice que las noches de baile que organiza son "pratiques". El nivel, bajo, como en todo París.

Pero... Esta vez el "pero" es positivo, como se imaginarán.

Bueno, pero por fin encontré un lugar en París en que no es una obligación jugar a ser un helicóptero, en que la gente trata de bailar algo que se parece de alguna manera a un tango de salón tradicional.

Nuevamente, no que no me guste el tango nuevo, ya dije varias veces que me divierte, pero me está gustando mucho más el tango tradicional, estilo Villa Urquiza, al piso, elegante... Y en París, ando como alma en pena buscando un lugar en que se baile así.

Pues en la Académie Esprit Tango de Pascale Coquigny y Luis Bruni, encontré algo parecido.

Luis Bruni es, en su formación original, un bailarín clásico. Después de formar parte del elenco del Teatro Colón, fue solista del Ballet del Teatro de La Plata. En 1994, mirando una exhibición de los milongueros Pupy Castello y Graciela González, se enamora del tango, y más particularmente del estilo de Villa Urquiza. Durante unos años, oscila entre el clásico y el tango. En 1998, el coreógrafo argentino Oscar Aráiz lo elige para su obra Tango en gris y le pide que coreografie una parte de la obra. En 1997, funda junto a otras personas el Grupo Graciela González. Pule su estilo con otros milongueros: el Turco José, Teté, el Pibe Palermo, descubriendo estilos y épocas distintas, pero siempre tradicionales. Finalmente, en 2001, se instala en París con Pascale Coquigny y en 2006 abren la Académie Esprit Tango.

Toda esta introducción para decir que allí no se baila tango nuevo, o no demasiado. Y para mí, fue como una bocanada de aire fresco.

Bueno, tampoco soñemos: el nivel sigue siendo bajísimo. Además, los hombres que bailan un estilo más tradicional están convencidos de que las mujeres se van a aburrir (y probablemente sea el caso, ya que la inmensa mayoría de las personas que bailan tango en Francia necesitan pasos y figuras complicadas, y cuanto más retorcido y acrobático, mejor), entonces siempre llega el momento en que se ponen a abrir el abrazo y a acumular los ganchos, barridas, boleos, pensando que así la mujer la va a pasar mejor... Y yo ahí, tratando constantemente de volver a cerrar el abrazo...

Pero bueno, digamos que en ese lugar tengo más posibilidades de bailar como me gusta que en otros.

Y cuando voy tengo la suerte de bailar alguna tandita con Luis, o sea que me voy bastante satisfecha. Más sabiendo que el lugar abre tres veces por semana... Así que si buscan un lugar distinto en París, me parece que ése es uno de ellos, junto con Milonga Sentimental, un lugar lindo que tiene el mal gusto de cerrar en el verano.


Académie Esprit Tango
3 rue des Vignoles - 75020 Paris
Tel: 06 75 05 99 95
Práctica martes, jueves y sábado de 18h a 24h
Cómo llegar: Metro Avron (línea 2) o Nation (líneas 1, 2, 6 y 9 y línea A del RER)
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viernes, 24 de julio de 2009

Crónicas parisinas #4

Un domingo por la noche, quería ir a bailar pero no sabía donde. Le pedí consejo a un amigo. Me dijo: "The night, hoy, es en L'Ermitage".

Yo pensaba que era más bien en Bahía Blanca, que abre un domingo de cada dos y no cierra en el verano, pero ese amigo me aseguró que no, que en Bahía Blanca no habría nadie y que The night estaba en L'Ermitage.

Aparte, me dio un argumento de peso: tenía que cruzar todo París para ir a Bahía Blanca, y L'Ermitage quedaba a unas veinte cuadras (si se puede hablar de cuadras en París) de donde estoy alojada.

Allá fui entonces. A L'Ermitage. En bici. En una de las zonas más altas de París...

Bueno, mucho no puedo contar del lugar. Es bien bonito cómo está puesto. Una linda barra, una linda pista. La música... bueno, olvidémonos del tema, tandas inexistentes, por ende estilos mezclados. Bien puede haber una milonga, seguida por un tango, seguido por un vals.

La cuestión es que esa noche, en lo más álgido de la pista, conté cinco parejas, la que yo formaba con mi amigo incluida...

Así que calificaré mi experiencia de neutra. Valdría la pena volver algún día en que sea realmente The night. Eso sí: desde entonces confío mucho menos en los criterios de mi amigo...


L'Ermitage
Studio de l'Ermitage - 8 rue de l'Ermitage - 75020 Paris
Tel: 01 44 62 02 86
Cómo llegar: Metro Jourdain (línea 11) y Ménilmontant (línea 2)

jueves, 18 de junio de 2009

Globitos

El otro día, fui a acompañar a alguien a conocer la milonga de los Quais de Seine.

Como dije en mi entrada sobre este lugar, el nivel es muy bajo. Pero estaba dispuesta a aceptar bailar con quien me invitara.

Resultado de la noche:
  • un chico me sacó sin haber tomado una sola clase de tango ni haber bailado una sola vez en una pista ni haber mirado una sola vez a un milonguero. Se trataba de un traseúnte que vio la muchedumbre bailar y pensó: "Má sí, ¿por qué no? Me tiro". Aguanté dos minutos y le dije que no podíamos seguir bailando, le expliqué gentilmente por qué y lo alenté a tomar clases. Casi se me pone a llorar...
    Neófitos: uno no se puede lanzar a la pista sin tener una mínima idea de lo que es el tango. El tango es improvisación, pero dentro de una técnica muy definida y muy pautada que no se puede improvisar. Y para la mujer es muy peligroso ser llevada, o más bien arrastrada, por alguien que no tiene idea de nada. Las patadas y pisadas las recibimos nosotras por lo general.
  • un chico me sacó durante una milonga. Nunca se enteró de que era milonga. Pero bueno, le di su oportunidad. A los pocos segundos, me di cuenta de que masticaba un chicle de manera muy poco elegante. Como estábamos en abrazo abierto, me lo banqué. Eso sí, cuando empezó a hacer globitos que empezaron a explotarme en la cara, ya no me lo banqué.
    Neófitos y profesionales, hombres y mujeres: no se mastica chicle bailando, ¡¡por favor!!
Esa noche pensé: qué larga que se hace mi estancia parisina...
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jueves, 28 de mayo de 2009

Crónicas parisinas #3

Después de mi no muy grata experiencia en El Colectivo, estuve bastante tiempo sin ir a bailar. Me empeciné en pensar que en París no había milongas y que no encontraría nunca con quien bailar, a pesar de que el jueves sí había encontrado una pareja agradable, un peruano un poco alto para mi propia estatura, pero que baila un tango milonguero más que decente.

Finalmente, el domingo siguiente fui a Milonga Florida. El DJ, Matías de Valentín Alsina, es un amigo, con lo cual temía que mi crítica no fuera muy objetiva. Decidí que, si no me gustaba el lugar, entonces no escribiría nada en mi blog, y listo.

Por suerte, me gustó.

A ver. La gente es la misma que en El Colectivo. De hecho, la comunidad "milonguera" (con muchas comillas, porque de milongueros no tienen gran cosa) de París es bastante reducida, y se ven las mismas caras en todos lados. Y, por supuesto, se ven también las mismas prácticas y costumbres.

Retomando mis observaciones anteriores, una cosa que me asombra es que, durante las cortinas que separan las tandas, al menos el 30% de la gente se queda en la pista, con la misma pareja, a la espera de la tanda siguiente. Sin saber qué tanda viene. Sin saber si le gustará esa tanda. Sin saber si le gustará bailar esa tanda con esa persona.

A mí, personalmente, me supera.

Y en Milonga Florida, pasa lo mismo que en El Colectivo. Y calculo que en todos los lugares que visitaré en París.

Consecuencia colateral mas no menos importante: hay poca rotación de las parejas. Es decir, pocas opciones para elegir compañero o compañera en cada tanda. Difícil sacar a la persona con la que nos gustaría bailar, si está bailando dos o tres tandas seguidas cada vez.

Pero bueno. El tema es que Milonga Florida me gustó. El lugar es lindo, agradable. Hay algunas mesas cerca de la pista, pero sobre todo una barra como la gente. Y un primer piso en balcón con más mesas para sentarse, aunque casi nadie va allí, excepto para dejar tapados, bolsos y zapatos. La música es buena, la pista cómoda. Volví a encontrar a las mismas caras, es decir, volví a bailar con el peruano, y encontré a un francés con un baile interesante (aunque me va a costar un poquito encontrar a alguien que baile el estilo de Villa Urquiza...).

Lamentablemente, esta milonga se organiza un solo domingo de cada dos. Y como casi todos los lugares para bailar en París, cierra los meses de verano... Así que ya saben, si quieren hacer un tour tanguero de París, tienen que evitar los meses de julio y agosto, excepto para ir a los Quais de Seine...


Milonga Florida
Opus Café - 167, quai de Valmy - 75010 Paris
Tel: 01 47 00 57 39
Domingo 7 y 21 de junio, y domingo 5 de julio de 2009
Cómo llegar: Metro Louis Blanc (líneas 7 y 7bis) o Jaurès (líneas 2, 5 y 7bis)

sábado, 23 de mayo de 2009

Crónicas parisinas #2

El jueves empezó en París un acontecimiento anual realmente hermoso: la milonga en el borde del Sena.

Desde finales de mayo hasta finales de septiembre, todas las noches cuando no llueve (o sea, seamos honestos, no debe de hacerse la mitad del tiempo, el clima parisino es bastante horrendo...), se organiza una milonga, o más bien una práctica, en una especia de costanera peatonal y arbolada en el borde del Sena.

Debajo de las estrellas, a la luz de los faroles, con los bateaux-mouches que iluminan el lugar cada vez que pasan sobre el Sena y en un ambiente muuuuy romántico (parejas enamoradas que bailan tango, deben bailar allí alguna vez), suenan los acordes del 2x4.

De verdad, el lugar es hermoso y vale la pena ir a conocerlo si tienen el gusto de visitar París.

Sólo que... lamentablemente, el nivel es muy, pero muy bajo. Y termina muy, pero muy temprano. A mí me habían dicho que los sábados terminaba a la 1 de la madrugada, así que llegué a las 23h30. El tiempo de observar la pista, ya se hicieron las 12 y... sonó la Cumparsita a modo de despedida... No sabía que este año cambiaron los horarios...

Entre que no vi a nadie interesante para bailar y que tampoco me dio el tiempo de observar mejor, me fui sin siquiera haber pisado la pista.

Una cosa asombrosa es cómo no se cae alguna pareja al Sena, puesto que no hay ninguna protección entre la pista y el agua.

En fin, de verdad el lugar es hermoso y los parisinos están muy afortunados de poder contar con este lugar todas las noches de verano. Algún día viviré la experiencia de bailar allí con el hombre al que amo.

Por lo demás, es bastante emocionante escuchar los sonidos del bandoneón en el borde del Sena cuando uno se va acercando, llegar al lugar y ver esto:

Photo ® Dominique

Tango sur les Quais de Seine
Square Tino Rossi - Quai Saint Bernard - 75005 Paris
Todos los días de 20h30 a 00h hasta el 20 de septiembre de 2009
Cómo llegar: Métro Jussieu (línea 7 y 10) o Gare d'Austerlitz (línea 5 y 10)
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lunes, 18 de mayo de 2009

Crónicas parisinas #1

Estoy en estos días en Paris. Aquí nació el tango como danza de salón, a principios del siglo XX. Por aquí también nació el tango nuevo. Siempre tuve la idea de que París tenía una oferta de tango no tan importante como en Buenos Aires, porque esto es imposible, pero digamos que interesante.

Bueno.

Es cierto que si uno quiere ir a bailar todas las noches, lo puede hacer. Hay lugares para bailar en todos los distritos, y hay varias opciones todas las noches.

Pero ahora que entendí la diferencia entre bailar tango e ir a la milonga, puedo decir que en París hay pocas milongas. En París, la gente va a practicar tango en un salón en el que pasan tandas de tango separados por cortinas.

Pero raras veces son milongas, y si lo son, la gente no actúa como si estuviera en una milonga. Van a practicar un poco como se va a yoga o al gimnasio, excepto que encima se puede tomar alcohol...

La semana pasada fui a bailar por primera vez. Jueves por la noche, me tocó El Colectivo. En realidad, quería ir al Bistrot Latin (ex Latina) lugar que, me dijeron, es el más próximo a una milonga que hay en París. El sitio Internet promociona su apertura de lunes a sábados de 21 a 01h30. Excepto que fui a las 23 y... estaba cerrado. Emprendí entonces el camino hacia El Colectivo, un lugar que ya conocía pero al que no tenía muchas ganas de regresar porque mi recuerdo es que allí la mayoría de la gente baila tango nuevo.

Y efectivamente, es el caso. Lamentablemente para mí, es el caso en casi todo París.

Pero lo que descubrí es que El Colectivo es una práctica, no una milonga, a pesar de que se promociona como tal.

Primero, porque no hay mesas alrededor de la pista, apenas sillones, y excepto algún jugo de frutas, no se puede tomar gran cosa, y mucho menos comer. O sea, no es un lugar de reunión social, sino una pista (muy buena, por cierto, aunque el calor es agobiante, incluso en pleno invierno) con algunos lugares para sentarse entre tanda y tanda.

Además, la gente va a bailar con quien sea, como sea, la tanda que sea. Más de una vez me sacó alguien que, ante mi negativa, se dio vuelta hacia la mujer siguiente y la invitó ipso facto a ella también. O sea: ese hombre no me había elegido. Yo era la primera mujer en su camino y su objetivo era bailar la tanda que fuere con quien fuere.

Yo andaba mirando atentamente la pista, seleccionando con qué persona podría, llegado el caso, bailar tal o tal tanda. Y ellos me sacaban sin la menor consideración por la tanda o el estilo de baile.

Mi primera experiencia fue, de hecho, bastante significativa.

Acababa de llegar y estaba en fase de observación. La tanda que estaba sonando no me gustaba en ese momento, no para un primer tango en París (creo que era vals, un estilo que no me gusta bailar con cualquiera). Entonces había decidido que no la bailaría.

En eso llega un chico argentino, visiblemente muy seguro de él, al parecer convencido de que su nacionalidad le daba la autoridad suficiente como para ser considerado un bailarín emérito.

Yo no había abierto la boca, o sea que él no podía saber si era argentina o francesa, y me sacó en castellano, como para remarcar su nacionalidad (ahora no lo recuerdo, pero puede que le haya salido un "che" como para subrayarlo mejor).

Lo más amablemente posible (aunque mis amigos probablemente me digan que es algo de lo que soy incapaz), le expliqué que no quería bailar esa tanda, y que por favor me sacara en la tanda siguiente.

Me miró como si hablara en otro idioma. Visiblemente, ese chico, por más argentino que fuera, no podía entender cómo le decía que no con una excusa tan delirante. Supongo que para él, no hay nada más parecido a un tango que... otro tango. Y que eso de los diferentes estilos de baile según los estilos de música es chino básico.

Llegó la cortina y empezó otra tanda. Por cordialidad, me dirigí hacia él y le dije: "Ahora sí. ¿Querés bailar conmigo?"

Se encogió de hombros y contestó: "Ah bueno, no sé", como queriendo hacerme pagar el desaire de la tanda anterior. Insistí: "No era una falsa excusa, no quería bailar la tanda anterior". Casi a regañadientes, aceptó.

¿Cómo bailaba? Bueno, de nuevo, con la seguridad de que su nacionalidad lo justificaba todo. Tuve la sensación de ser como una roca en medio de una tormenta en el mar: me agarraba y estrujaba como si su vida dependiera de eso. Sufrí bastante. Estaba pensando en aguantar estoicamente hasta el final de la tanda, cuando al cabo de tres tangos, me dijo: "Gracias" y me dejó plantada en medio de la pista y de la tanda. Después me di cuenta de que hacía eso con todo el mundo, creo que por el calor insoportable. Pero habla del respeto que ese tipo tiene hacia los códigos de la milonga...

En fin, voy a seguir con mis peripecias milongueriles parisinas, y les contaré aquí lo que iré descubriendo...

Foto ® El Colectivo


46, rue des Rigoles - 75020 Paris
Tel: 06 63 23 35 70
Jueves de 21h30 a 1h y sábados de 21h30 a 3h
Cómo llegar: Métro Jourdain (línea 11)
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viernes, 8 de mayo de 2009

Práctica vs. Milonga

Algunas veces mis amigos no-tangueros me preguntaron la diferencia entre una práctica y una milonga.

En efecto, existen al menos dos tipos de manera de ir a bailar tango, y las voy a resumir aquí. Ojo, voy a ser bastante esquemática. Milongueras y milongueros, sepan disculpar, pero me dirijo sobre todo a las personas que no forman parte del mundo tangueril. Si quieren añadir algo, claro que lo pueden hacer dejando un comentario (y por favor háganlo, nada mejor que compartir experiencias, vivencias y puntos de vista).

Entonces, vistas de afuera y de lejos, la práctica y la milonga son lo mismo: muchas personas que se juntan para bailar tango en un salón especialmente dedicado a eso.

Pero si nos acercamos un poco, podemos ver las diferencias.

La práctica:

Se trata de un lugar en el que se pasa música de tango, por lo general de manera continuada, sin tandas y sin cortinas (aunque en algunos lugares sí se hace), adonde la gente va a bailar, como el nombre lo indica, a modo de práctica, es decir, de entrenamiento.

Hay prácticas guiadas, supervisadas por uno o varios profesores que tiran ideas de pasos, corrigen, sugieren. Esto siempre se hizo, y de hecho recomiendo enfáticamente la Práctica a la Antigua de Gabriel Missé y Diego Mohammad, los martes por la noche.

Y también hay prácticas a secas, en las que la gente simplemente va a bailar un rato, con su pareja o no. Raras veces hay mesas, a lo sumo sillas alrededor de la pista, tal vez un bar para tomar algo y nada más.

La milonga:

Es, ante todo, un acontecimiento social. Un lugar al que uno va a encontrarse con gente, comer o tomar algo, y entre charla y charla, bailar alguna tanda. Es un lugar de reunión, de sociabilización. La meta no es bailar lo más posible, como en la práctica, donde el único objetivo es ése, bailar, sino pasar un buen rato.

La realidad es que hoy en día, entre los principiantes más que nada y la nueva generación del tango, mucha gente va a las milongas como a las prácticas. Me incluyo, en mis primeros años tangueriles, en los que nadie me había enseñado esas sutiles diferencias, nadie me había explicado la esencia de la milonga. Lo descubrí poco a poco, cuando el tango dejó de ser, también para mí, una mera actividad deportiva o artística para pasar a ser un evento social.

Un documental que lo explica muy bien es Milonga, el abrazo del tango, de Mafalda Trotta.

Hoy día, ya no voy a la milonga a bailar. Voy a la milonga a reunirme con mis amigos, a pasar un buen rato, y ese buen rato incluye bailar tandas con gente seleccionada, en momentos privilegiados, las que más me gustan o me inspiran en ese momento. Ya no bailo frenéticamente, como si de mi vida dependiera que me baile todas las tandas, como sí me sucedió al principio, y durante casi tres años.

De esa manera distinta de abordar el tango viene la diferencia entre un bailarín y un milonguero, creo yo. El bailarín enfoca el tango como una actividad física, artística, creativa. El milonguero lo vive. Aunque claro, se pueden ser las dos cosas, y los ejemplos sobran. Menos mal.
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miércoles, 11 de marzo de 2009

Luna Palacios, milonguera de ley

Hace pocos días, un amigo me explicó por qué le fascinaba, por sobre todas las milongueras, Luna Palacios: "Algunas bailarinas se destacaron con una pareja en particular, y cuando se separaron de esa pareja, dejaron de tener brillo propio", me dijo. "En cambio Luna, baile con quien baile, es siempre Luna".

La pucha, pensé, qué buena explicación de por qué Luna Palacios a mí también me parece tan sorprendente.

Ya les mostré en un video publicado en otra entrada de qué es capaz esta increíble milonguera, cuando les hablé de Aoniken Quiroga. Pero es cierto, Luna puede bailar con quien se le cante y adaptarse a cualquier pareja, y sin embargo siempre conservará su personalidad, su propia manera de bailar, su chispa, su energía, su sensualidad y su picardía.

Bailarines y milongueros de estilos tan diferentes como Aoniken Quiroga, Oliver Kolker, el Pibe Avellaneda, el Flaco Dany, Paulo Bidart, Carlos Copello, y más recientemente Octavio Fernández, han bailado con ella en distintas oportunidades, y siempre, siempre, Luna ha sido Luna.

Luna Palacios nació en Buenos Aires en 1978. Hasta el año 2001, fue bailarina de salsa y swing. Cuenta que un día en el 2003, su hermana Verónica la llevó a una milonga, donde se enamoró a primera vista del tango.

Tuvo la suerte de encontrar como mentor artístico al gran Carlos Gavito. También aprendió con su hermana, Verónica Palacios, con Oliver Kolker, Guillermo Cerneaz, el Flaco Dany, el Pibe Avellaneda, Horacio Godoy y Gabriel Missé, entre otros.

Para mí, Luna personifica la bailarina de tango salón "a la antigua", pero actualizada, modernizada, renovada, remozada, remasterizada.

En el video siguiente, vemos cómo, en condiciones adversas, no solamente no se inmuta y sigue bailando como si nada, sino que parece que las dificultades la incitan a superarse, y es con travesura que juega con los fallos técnicos de la música (que "saltó" dos veces hasta que Horacio Godoy, el DJ de La Viruta, decidió poner otra vez la misma milonga casi desde el principio en una grabación que no tuviera desperfecto, con lo cual un tema que tenía que durar tres minutos y pico terminó durando casi cinco).


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viernes, 13 de febrero de 2009

¿El tango es machista?

Sí.

Así, sin vacilar. Sí, el tango es machista. Es un ambiente de hombres, básicamente. Antes, se anunciaba las exhibiciones poniendo "Hoy baila Fulanito y compañera". Y cuando digo "antes", me quedo corta. Recuerdo una exhibición de los campeones mundiales de tango salón 2006, en la milonga Sunderland, anunciada como: "Hoy baila el campeón mundial Fabián Peralta, y su compañera". La pobre Natacha Poberaj, una bailarina de aquellas, quedó completamente anulada.

Pero. Porque siempre hay un pero.

A ver, empecemos desde el principio. Mis amigos no tangueriles me preguntan cómo yo, una mujer abiertamente feminista, independiente, con carácter, que odia que la manejen o que la traten de manipular, que gana su vida y vive sola desde que tiene 17 años... puede aceptar "seguir", ser guiada, obedecer a un hombre durante el baile de tango.

Porque al fin y al cabo, de eso se trata: el hombre guía, dirige, marca. La mujer sigue, obedece, hace lo que se le pide.

Muchas veces me dicen: "Bueno, pero en realidad es un diálogo, el hombre lo único que hace es proponer, la mujer también puede sugerir cosas", bla bla bla. Bull shit. El hombre manda. La mujer obedece. Punto.

Sí, hay momentos en que la mujer se puede plantar y marcar un ritmo, imponer una pausa, hasta tal vez sugerir un movimiento. Pero la palabra final la sigue teniendo el hombre, y los momentos en que la mujer puede tener la iniciativa son escasos. El maestro Carlos Pérez, sabiendo que esto me va a enfurecer, suele decir al hombre con el que estoy bailando: "Si dejás que la mujer maneje, sos un gil, y no es tango". Y sé que no lo dice solamente en broma.

Pero...

Primero hay que entender una cosa: en el tango, es absolutamente imprescindible que una persona lidere y la otra siga. No se puede decidir "de a dos". El tango es improvisación pura. Si los dos deciden al mismo tiempo... lindo quilombo se va a armar. Es como si un auto tuviera dos volantes independientes el uno del otro. Si una persona quiere ir a la izquierda y la otra a la derecha, lo más probable es que el auto se parta en dos.

Pues en el tango es lo mismo. Alguien tiene que ocupar el papel del que guía, y la otra persona el papel del que es guiado. Punto.

Tradicionalmente, esos papeles están desempeñados, respectivamente, por el hombre y la mujer. Por una cuestión machista, estamos de acuerdo.

Dicho sea eso, nadie me obliga a ser "seguidora". Podría perfectamente aprender el papel de la persona que maneja en lugar de quedarme en el papel de la persona que sigue. De hecho, en Estados Unidos, no se suele usar los términos "hombre" y "mujer" para hablar de los roles dentre de la pareja, dado que sería una apelación sexista. Se habla de "leader" (líder) y "follower" (seguidor). O sea, si una mujer quiere aprender el papel del líder, pues allá ella, puede hacerlo sin problemas. Tendrá que encontrar a una pareja (hombre o mujer) que acepte ser guiada por ella (y que sea físicamente compatible, porque no es nada fácil guiar a alguien mucho más alto que uno), y listo.

Y de hecho, esta inversión de los roles tradicionales es muy frecuente en lo que se llama el Tango Queer, del que hablaré en otra entrada.

Sabiendo eso, el hecho de que yo haya elegido ser seguidora en lugar de líder... es problema mío. No le puedo echar la culpa al machismo.

De hecho, ahora estoy aprendiendo a liderar (a "hacer de hombre", se dice en el mundo del tango), y es complicadísimo. No solamente hay que saber qué pasos hacer y cómo, sino que hay que marcar a la otra persona (que "hace de mujer") lo que tiene que hacer, así como ser musical, tener buen manejo de la pista para no chocar con nadie, en fin, está brava la cosa...

Así que creo que, más por fiaca que por machismo, me voy a quedar en mi cómodo papel de mujer... digo... de seguidora.

Dicho todo eso, tengo que hacer un apartado sobre el tango nuevo. Bailado por personas jóvenes, el tango nuevo es necesariamente menos machista que el tango tradicional o tango salón (o tango a secas, dirán los que creen que el tango nuevo no es tango). Si bien sigue habiendo una persona que lidera y la otra que sigue, en este caso existen más momentos de verdadero diálogo dentro de la pareja, es una danza mucho más conciliadora, menos cuadrada, menos esquemática. Y por lo general se conocen a los dos miembros de la pareja por igual. Eugenia Parrilla, Moira Castellano, Mariela Sametband, Mariana Montes, tienen tanto renombre como Chicho Frúmboli, Gastón Torelli, Pablo Inza o Sebastián Arce.
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martes, 16 de diciembre de 2008

Los rituales de la llegada

Cuando los milongueros entran en su milonga favorita, cada uno tiene su ritual. Están los que entran sin mirar a nadie y van directo a su mesa. Los que se quedan en la puerta observando. Los que van a la barra y ven qué onda...

Yo también tengo mi ritual cuando llego a mi segundo hogar, La Viruta. Lo primero que hago es quedarme mirando la pista, antes de bajar los últimos escalones. Una mirada global, que abarca la totalidad del lugar, para ver cómo está la cosa, si hay mucha o poca gente, quién está bailando, si está complicada la circulación en la pista, si se están matando a golpes o si habrá espacio para unas buenas caminatas con pasos largos (hace unos meses habría dicho: para unos buenos boleos altos).

Los viernes y sábados en que el amo y maestro del lugar, Horacio P.B.T. Godoy, está en la consola de música en la parte delantera, primero voy a saludarlo, como se hace cuando alguien llega a un hogar y primero saluda al dueño de casa.

Luego, me voy por el lado izquierdo para ver cuál de mis amigos ha llegado y si me voy a poder meter en una mesa, porque yo nunca reservo mesa...

Entonces, empiezo a recorrer el costado izquierdo de la pista, caminando hacia la barra del fondo. A esta altura hay dos posibilidades: o mis amigos ya llegaron y lo primero que hago es saludarlos, poner mis cosas en su mesa, cambiarme los zapatos. O no llegaron (o todavía no los vi), y sigo mi recorrido hasta la barra del fondo, donde los miércoles, jueves y domingos está Horacio Godoy, y lo saludo a él, a los profesores que estén en la "mesa de profesores" y a la gente que conozca.

Luego, vuelvo a mirar la pista, esta vez desde la otra punta y para ver con quién tendré (o no) el gusto de bailar esa noche, me quedo un rato ahí y voy en busca de mis amigos.

Luego, me cambio los zapatos (porque, gente que no milonguea, está claro que ni los hombres ni las mujeres, por lo general, venimos con los zapatos de tango puestos, primero para no gastar la suela, y segundo porque, sobre todo para las mujeres, son extremadamente incómodos para la calle... ¿ya intentaron caminar trece cuadras con zapatos con un taco de 9 cm?).

Una vez que tengo los zapatos puestos, la noche de milonga puede empezar.

Y ustedes, ¿cuáles son sus rituales cuando llegan a su milonga favorita?
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