lunes, 18 de mayo de 2009

Crónicas parisinas #1

Estoy en estos días en Paris. Aquí nació el tango como danza de salón, a principios del siglo XX. Por aquí también nació el tango nuevo. Siempre tuve la idea de que París tenía una oferta de tango no tan importante como en Buenos Aires, porque esto es imposible, pero digamos que interesante.

Bueno.

Es cierto que si uno quiere ir a bailar todas las noches, lo puede hacer. Hay lugares para bailar en todos los distritos, y hay varias opciones todas las noches.

Pero ahora que entendí la diferencia entre bailar tango e ir a la milonga, puedo decir que en París hay pocas milongas. En París, la gente va a practicar tango en un salón en el que pasan tandas de tango separados por cortinas.

Pero raras veces son milongas, y si lo son, la gente no actúa como si estuviera en una milonga. Van a practicar un poco como se va a yoga o al gimnasio, excepto que encima se puede tomar alcohol...

La semana pasada fui a bailar por primera vez. Jueves por la noche, me tocó El Colectivo. En realidad, quería ir al Bistrot Latin (ex Latina) lugar que, me dijeron, es el más próximo a una milonga que hay en París. El sitio Internet promociona su apertura de lunes a sábados de 21 a 01h30. Excepto que fui a las 23 y... estaba cerrado. Emprendí entonces el camino hacia El Colectivo, un lugar que ya conocía pero al que no tenía muchas ganas de regresar porque mi recuerdo es que allí la mayoría de la gente baila tango nuevo.

Y efectivamente, es el caso. Lamentablemente para mí, es el caso en casi todo París.

Pero lo que descubrí es que El Colectivo es una práctica, no una milonga, a pesar de que se promociona como tal.

Primero, porque no hay mesas alrededor de la pista, apenas sillones, y excepto algún jugo de frutas, no se puede tomar gran cosa, y mucho menos comer. O sea, no es un lugar de reunión social, sino una pista (muy buena, por cierto, aunque el calor es agobiante, incluso en pleno invierno) con algunos lugares para sentarse entre tanda y tanda.

Además, la gente va a bailar con quien sea, como sea, la tanda que sea. Más de una vez me sacó alguien que, ante mi negativa, se dio vuelta hacia la mujer siguiente y la invitó ipso facto a ella también. O sea: ese hombre no me había elegido. Yo era la primera mujer en su camino y su objetivo era bailar la tanda que fuere con quien fuere.

Yo andaba mirando atentamente la pista, seleccionando con qué persona podría, llegado el caso, bailar tal o tal tanda. Y ellos me sacaban sin la menor consideración por la tanda o el estilo de baile.

Mi primera experiencia fue, de hecho, bastante significativa.

Acababa de llegar y estaba en fase de observación. La tanda que estaba sonando no me gustaba en ese momento, no para un primer tango en París (creo que era vals, un estilo que no me gusta bailar con cualquiera). Entonces había decidido que no la bailaría.

En eso llega un chico argentino, visiblemente muy seguro de él, al parecer convencido de que su nacionalidad le daba la autoridad suficiente como para ser considerado un bailarín emérito.

Yo no había abierto la boca, o sea que él no podía saber si era argentina o francesa, y me sacó en castellano, como para remarcar su nacionalidad (ahora no lo recuerdo, pero puede que le haya salido un "che" como para subrayarlo mejor).

Lo más amablemente posible (aunque mis amigos probablemente me digan que es algo de lo que soy incapaz), le expliqué que no quería bailar esa tanda, y que por favor me sacara en la tanda siguiente.

Me miró como si hablara en otro idioma. Visiblemente, ese chico, por más argentino que fuera, no podía entender cómo le decía que no con una excusa tan delirante. Supongo que para él, no hay nada más parecido a un tango que... otro tango. Y que eso de los diferentes estilos de baile según los estilos de música es chino básico.

Llegó la cortina y empezó otra tanda. Por cordialidad, me dirigí hacia él y le dije: "Ahora sí. ¿Querés bailar conmigo?"

Se encogió de hombros y contestó: "Ah bueno, no sé", como queriendo hacerme pagar el desaire de la tanda anterior. Insistí: "No era una falsa excusa, no quería bailar la tanda anterior". Casi a regañadientes, aceptó.

¿Cómo bailaba? Bueno, de nuevo, con la seguridad de que su nacionalidad lo justificaba todo. Tuve la sensación de ser como una roca en medio de una tormenta en el mar: me agarraba y estrujaba como si su vida dependiera de eso. Sufrí bastante. Estaba pensando en aguantar estoicamente hasta el final de la tanda, cuando al cabo de tres tangos, me dijo: "Gracias" y me dejó plantada en medio de la pista y de la tanda. Después me di cuenta de que hacía eso con todo el mundo, creo que por el calor insoportable. Pero habla del respeto que ese tipo tiene hacia los códigos de la milonga...

En fin, voy a seguir con mis peripecias milongueriles parisinas, y les contaré aquí lo que iré descubriendo...

Foto ® El Colectivo


46, rue des Rigoles - 75020 Paris
Tel: 06 63 23 35 70
Jueves de 21h30 a 1h y sábados de 21h30 a 3h
Cómo llegar: Métro Jourdain (línea 11)
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viernes, 8 de mayo de 2009

Práctica vs. Milonga

Algunas veces mis amigos no-tangueros me preguntaron la diferencia entre una práctica y una milonga.

En efecto, existen al menos dos tipos de manera de ir a bailar tango, y las voy a resumir aquí. Ojo, voy a ser bastante esquemática. Milongueras y milongueros, sepan disculpar, pero me dirijo sobre todo a las personas que no forman parte del mundo tangueril. Si quieren añadir algo, claro que lo pueden hacer dejando un comentario (y por favor háganlo, nada mejor que compartir experiencias, vivencias y puntos de vista).

Entonces, vistas de afuera y de lejos, la práctica y la milonga son lo mismo: muchas personas que se juntan para bailar tango en un salón especialmente dedicado a eso.

Pero si nos acercamos un poco, podemos ver las diferencias.

La práctica:

Se trata de un lugar en el que se pasa música de tango, por lo general de manera continuada, sin tandas y sin cortinas (aunque en algunos lugares sí se hace), adonde la gente va a bailar, como el nombre lo indica, a modo de práctica, es decir, de entrenamiento.

Hay prácticas guiadas, supervisadas por uno o varios profesores que tiran ideas de pasos, corrigen, sugieren. Esto siempre se hizo, y de hecho recomiendo enfáticamente la Práctica a la Antigua de Gabriel Missé y Diego Mohammad, los martes por la noche.

Y también hay prácticas a secas, en las que la gente simplemente va a bailar un rato, con su pareja o no. Raras veces hay mesas, a lo sumo sillas alrededor de la pista, tal vez un bar para tomar algo y nada más.

La milonga:

Es, ante todo, un acontecimiento social. Un lugar al que uno va a encontrarse con gente, comer o tomar algo, y entre charla y charla, bailar alguna tanda. Es un lugar de reunión, de sociabilización. La meta no es bailar lo más posible, como en la práctica, donde el único objetivo es ése, bailar, sino pasar un buen rato.

La realidad es que hoy en día, entre los principiantes más que nada y la nueva generación del tango, mucha gente va a las milongas como a las prácticas. Me incluyo, en mis primeros años tangueriles, en los que nadie me había enseñado esas sutiles diferencias, nadie me había explicado la esencia de la milonga. Lo descubrí poco a poco, cuando el tango dejó de ser, también para mí, una mera actividad deportiva o artística para pasar a ser un evento social.

Un documental que lo explica muy bien es Milonga, el abrazo del tango, de Mafalda Trotta.

Hoy día, ya no voy a la milonga a bailar. Voy a la milonga a reunirme con mis amigos, a pasar un buen rato, y ese buen rato incluye bailar tandas con gente seleccionada, en momentos privilegiados, las que más me gustan o me inspiran en ese momento. Ya no bailo frenéticamente, como si de mi vida dependiera que me baile todas las tandas, como sí me sucedió al principio, y durante casi tres años.

De esa manera distinta de abordar el tango viene la diferencia entre un bailarín y un milonguero, creo yo. El bailarín enfoca el tango como una actividad física, artística, creativa. El milonguero lo vive. Aunque claro, se pueden ser las dos cosas, y los ejemplos sobran. Menos mal.
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miércoles, 11 de marzo de 2009

Luna Palacios, milonguera de ley

Hace pocos días, un amigo me explicó por qué le fascinaba, por sobre todas las milongueras, Luna Palacios: "Algunas bailarinas se destacaron con una pareja en particular, y cuando se separaron de esa pareja, dejaron de tener brillo propio", me dijo. "En cambio Luna, baile con quien baile, es siempre Luna".

La pucha, pensé, qué buena explicación de por qué Luna Palacios a mí también me parece tan sorprendente.

Ya les mostré en un video publicado en otra entrada de qué es capaz esta increíble milonguera, cuando les hablé de Aoniken Quiroga. Pero es cierto, Luna puede bailar con quien se le cante y adaptarse a cualquier pareja, y sin embargo siempre conservará su personalidad, su propia manera de bailar, su chispa, su energía, su sensualidad y su picardía.

Bailarines y milongueros de estilos tan diferentes como Aoniken Quiroga, Oliver Kolker, el Pibe Avellaneda, el Flaco Dany, Paulo Bidart, Carlos Copello, y más recientemente Octavio Fernández, han bailado con ella en distintas oportunidades, y siempre, siempre, Luna ha sido Luna.

Luna Palacios nació en Buenos Aires en 1978. Hasta el año 2001, fue bailarina de salsa y swing. Cuenta que un día en el 2003, su hermana Verónica la llevó a una milonga, donde se enamoró a primera vista del tango.

Tuvo la suerte de encontrar como mentor artístico al gran Carlos Gavito. También aprendió con su hermana, Verónica Palacios, con Oliver Kolker, Guillermo Cerneaz, el Flaco Dany, el Pibe Avellaneda, Horacio Godoy y Gabriel Missé, entre otros.

Para mí, Luna personifica la bailarina de tango salón "a la antigua", pero actualizada, modernizada, renovada, remozada, remasterizada.

En el video siguiente, vemos cómo, en condiciones adversas, no solamente no se inmuta y sigue bailando como si nada, sino que parece que las dificultades la incitan a superarse, y es con travesura que juega con los fallos técnicos de la música (que "saltó" dos veces hasta que Horacio Godoy, el DJ de La Viruta, decidió poner otra vez la misma milonga casi desde el principio en una grabación que no tuviera desperfecto, con lo cual un tema que tenía que durar tres minutos y pico terminó durando casi cinco).


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viernes, 13 de febrero de 2009

¿El tango es machista?

Sí.

Así, sin vacilar. Sí, el tango es machista. Es un ambiente de hombres, básicamente. Antes, se anunciaba las exhibiciones poniendo "Hoy baila Fulanito y compañera". Y cuando digo "antes", me quedo corta. Recuerdo una exhibición de los campeones mundiales de tango salón 2006, en la milonga Sunderland, anunciada como: "Hoy baila el campeón mundial Fabián Peralta, y su compañera". La pobre Natacha Poberaj, una bailarina de aquellas, quedó completamente anulada.

Pero. Porque siempre hay un pero.

A ver, empecemos desde el principio. Mis amigos no tangueriles me preguntan cómo yo, una mujer abiertamente feminista, independiente, con carácter, que odia que la manejen o que la traten de manipular, que gana su vida y vive sola desde que tiene 17 años... puede aceptar "seguir", ser guiada, obedecer a un hombre durante el baile de tango.

Porque al fin y al cabo, de eso se trata: el hombre guía, dirige, marca. La mujer sigue, obedece, hace lo que se le pide.

Muchas veces me dicen: "Bueno, pero en realidad es un diálogo, el hombre lo único que hace es proponer, la mujer también puede sugerir cosas", bla bla bla. Bull shit. El hombre manda. La mujer obedece. Punto.

Sí, hay momentos en que la mujer se puede plantar y marcar un ritmo, imponer una pausa, hasta tal vez sugerir un movimiento. Pero la palabra final la sigue teniendo el hombre, y los momentos en que la mujer puede tener la iniciativa son escasos. El maestro Carlos Pérez, sabiendo que esto me va a enfurecer, suele decir al hombre con el que estoy bailando: "Si dejás que la mujer maneje, sos un gil, y no es tango". Y sé que no lo dice solamente en broma.

Pero...

Primero hay que entender una cosa: en el tango, es absolutamente imprescindible que una persona lidere y la otra siga. No se puede decidir "de a dos". El tango es improvisación pura. Si los dos deciden al mismo tiempo... lindo quilombo se va a armar. Es como si un auto tuviera dos volantes independientes el uno del otro. Si una persona quiere ir a la izquierda y la otra a la derecha, lo más probable es que el auto se parta en dos.

Pues en el tango es lo mismo. Alguien tiene que ocupar el papel del que guía, y la otra persona el papel del que es guiado. Punto.

Tradicionalmente, esos papeles están desempeñados, respectivamente, por el hombre y la mujer. Por una cuestión machista, estamos de acuerdo.

Dicho sea eso, nadie me obliga a ser "seguidora". Podría perfectamente aprender el papel de la persona que maneja en lugar de quedarme en el papel de la persona que sigue. De hecho, en Estados Unidos, no se suele usar los términos "hombre" y "mujer" para hablar de los roles dentre de la pareja, dado que sería una apelación sexista. Se habla de "leader" (líder) y "follower" (seguidor). O sea, si una mujer quiere aprender el papel del líder, pues allá ella, puede hacerlo sin problemas. Tendrá que encontrar a una pareja (hombre o mujer) que acepte ser guiada por ella (y que sea físicamente compatible, porque no es nada fácil guiar a alguien mucho más alto que uno), y listo.

Y de hecho, esta inversión de los roles tradicionales es muy frecuente en lo que se llama el Tango Queer, del que hablaré en otra entrada.

Sabiendo eso, el hecho de que yo haya elegido ser seguidora en lugar de líder... es problema mío. No le puedo echar la culpa al machismo.

De hecho, ahora estoy aprendiendo a liderar (a "hacer de hombre", se dice en el mundo del tango), y es complicadísimo. No solamente hay que saber qué pasos hacer y cómo, sino que hay que marcar a la otra persona (que "hace de mujer") lo que tiene que hacer, así como ser musical, tener buen manejo de la pista para no chocar con nadie, en fin, está brava la cosa...

Así que creo que, más por fiaca que por machismo, me voy a quedar en mi cómodo papel de mujer... digo... de seguidora.

Dicho todo eso, tengo que hacer un apartado sobre el tango nuevo. Bailado por personas jóvenes, el tango nuevo es necesariamente menos machista que el tango tradicional o tango salón (o tango a secas, dirán los que creen que el tango nuevo no es tango). Si bien sigue habiendo una persona que lidera y la otra que sigue, en este caso existen más momentos de verdadero diálogo dentro de la pareja, es una danza mucho más conciliadora, menos cuadrada, menos esquemática. Y por lo general se conocen a los dos miembros de la pareja por igual. Eugenia Parrilla, Moira Castellano, Mariela Sametband, Mariana Montes, tienen tanto renombre como Chicho Frúmboli, Gastón Torelli, Pablo Inza o Sebastián Arce.
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martes, 16 de diciembre de 2008

Los rituales de la llegada

Cuando los milongueros entran en su milonga favorita, cada uno tiene su ritual. Están los que entran sin mirar a nadie y van directo a su mesa. Los que se quedan en la puerta observando. Los que van a la barra y ven qué onda...

Yo también tengo mi ritual cuando llego a mi segundo hogar, La Viruta. Lo primero que hago es quedarme mirando la pista, antes de bajar los últimos escalones. Una mirada global, que abarca la totalidad del lugar, para ver cómo está la cosa, si hay mucha o poca gente, quién está bailando, si está complicada la circulación en la pista, si se están matando a golpes o si habrá espacio para unas buenas caminatas con pasos largos (hace unos meses habría dicho: para unos buenos boleos altos).

Los viernes y sábados en que el amo y maestro del lugar, Horacio P.B.T. Godoy, está en la consola de música en la parte delantera, primero voy a saludarlo, como se hace cuando alguien llega a un hogar y primero saluda al dueño de casa.

Luego, me voy por el lado izquierdo para ver cuál de mis amigos ha llegado y si me voy a poder meter en una mesa, porque yo nunca reservo mesa...

Entonces, empiezo a recorrer el costado izquierdo de la pista, caminando hacia la barra del fondo. A esta altura hay dos posibilidades: o mis amigos ya llegaron y lo primero que hago es saludarlos, poner mis cosas en su mesa, cambiarme los zapatos. O no llegaron (o todavía no los vi), y sigo mi recorrido hasta la barra del fondo, donde los miércoles, jueves y domingos está Horacio Godoy, y lo saludo a él, a los profesores que estén en la "mesa de profesores" y a la gente que conozca.

Luego, vuelvo a mirar la pista, esta vez desde la otra punta y para ver con quién tendré (o no) el gusto de bailar esa noche, me quedo un rato ahí y voy en busca de mis amigos.

Luego, me cambio los zapatos (porque, gente que no milonguea, está claro que ni los hombres ni las mujeres, por lo general, venimos con los zapatos de tango puestos, primero para no gastar la suela, y segundo porque, sobre todo para las mujeres, son extremadamente incómodos para la calle... ¿ya intentaron caminar trece cuadras con zapatos con un taco de 9 cm?).

Una vez que tengo los zapatos puestos, la noche de milonga puede empezar.

Y ustedes, ¿cuáles son sus rituales cuando llegan a su milonga favorita?
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lunes, 8 de diciembre de 2008

Silvio Lavia y su hija

Silvio Lavia es un bailarín bastante conocido en el ambiente del tango. El año pasado, en el cumpleaños de la milonga Club Gricel, bailó con su hija, Estrella, Café Domínguez. Todos se emocionaron viéndolos:



Y este año reincidieron en el nuevo cumpleaños de Club Gricel, esta vez en Mala Junta. La niña visiblemente evolucionó en su baile. Y claro, con semejante profesor...

jueves, 6 de noviembre de 2008

Horacio "P.B.T" Godoy

Como conté en una entrada anterior, mi formación inicial la hice en La Viruta. Durante los dos primeros años, sólo he tomado clases allí. Al principio, iba los jueves. Tomaba la clase (primero sólo tango, luego también la de milonga) y me iba a mi casa. Al cabo de dos o tres meses, agregué las clases de los domingos (milonga y tango). Luego se sumó la de los viernes. Y por último también las de los miércoles y los sábados.

Subí todos los niveles, tomando clases en particular con Rafael Mendaro, Lorena Mosele, Mariangeles Caamaño, Daniel Sansotta y Cecilia Troncoso, hasta llegar al tan ansiado nivel de Avanzados 2, aquel que miramos con admiración (y desesperación pensando que nunca llegaremos ahí) cuando empezamos. Tuve la suerte de que en esa época, el DJ y co-fundador de La Viruta, Horacio "P.B.T" Godoy, diera las clases en ese nivel los jueves, los viernes y los sábados, primero junto a Elina Ruiz y luego junto a la jovencísima y maravillosa Cecilia García.

Así, durante más de un año y medio, tomé clases con él tres veces por semana, a lo que se sumaron luego las clases para avanzados que daba en el instituto de su hermana, Mora Godoy, los miércoles.

Puedo decir que Horacio Godoy ha sido mi maestro. Lo poco que sé de tango, me lo enseñó él. Desde el tango milonguero hasta el de Villa Urquiza, de los que es experto, fusionados con técnicas más modernas. La historia de las orquestas, de los estilos musicales y de los bailes, los códigos de la milonga: tiene un conocimiento tan amplio que parece una enciclopedia viva. Y todo, con un humor exquisito y una gracia que hacen que sus clases sean divertidas, alegres y nunca aburridas.

Sólo puedo recomendar sus clases. Hoy día, cuando no está de gira, sus clases para avanzados en La Viruta son los jueves (milonga a las 21h30 y tango a las 22h30) y los sábados (estilo milonguero, a las 22h30).

Aquí lo podemos apreciar con Cecilia García en Bruselas, bailando la milonga No hay tierra como la mía, por la orquesta de Francisco Canaro:



También pueden ver las decenas de videos que el usuario de You Tube afiori63, visible admirador de la pareja, filmó durante la tradicional ronda de profesores que se hace antes de las clases en La Viruta.
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sábado, 1 de noviembre de 2008

Relatividad

El viernes pasado me fui de La Viruta a las 5h30 de la mañana. En mi camino hacia la salida, no menos de seis (6) personas me preguntaron: "¿Qué pasa que te estás yendo tan temprano?"

Estamos todos locos...

sábado, 11 de octubre de 2008

Códigos de la vida y códigos de la milonga

Un amigo extranjero vivió una escena un poco tensa la otra noche en Salón Canning. Para los que desconocen este lugar, se trata, en todo caso a mi entender, de una milonga "intermedia": ni muy-muy, ni tan-tan.

Es decir, ni muy-muy moderna, ni tan-tan tradicional. Se suele usar el cabeceo, pero no de manera exclusiva como en otros lugares como Sunderland. El ambiente es un poquito menos acartonado, pero se suelen respetar los códigos tradicionales de la milonga, tanto en la pista como fuera de ella.

Ese amigo baila tango bastante bien, desde hace bastantes años. Le gusta mucho Salón Canning y tiene entendido que allí se puede sacar por cabeceo o invitando directamente.

Esa noche, se acercó a una mesa donde se encontraban tres chicas, todas extranjeras. Preguntó a una de ellas: "¿Querés bailar?"

A lo cual la chica, que visiblemente no quería ser sacada de esa manera, respondió muy secamente, casi sin mirarlo: "No". Y siguió hablando con sus amigas.

Mi amigo, lógicamente, se sintió un poco ofendido por ese trato tan descortés. Se acercó nuevamente a ella y le dijo: "No 'gracias', al menos, ¿no?"

Siguió una conversación en la que ella le explicó que sólo respondía al cabeceo y que no le gustaba que la invadieran de esa manera. Mi amigo replicó que le habían explicado que en Salón Canning se usaban las dos maneras de sacar a bailar. Menos mal, lograron seguir charlando y finalmente la chica aceptó bailar con él y reconoció que habría sido una pena perdérselo.

Mi amigo me contó la anécdota con un tono bastante escandalizado. Al principio defendí la postura de la chica, después lo defendí a él, luego volví a la de ella... y no logré tomar una posición tajante a favor o en contra de uno u otro.

Esa chica, por más extranjera que sea, defiende a rajatablas los códigos del cabeceo. Considera que alguien que viene de afuera (de afuera del país o de afuera de la milonga) tiene, mínimamente, que conocer esos códigos. En efecto, cuando por ejemplo llegamos a un país que tiene costumbres distintas a las nuestras, en general tratamos de enterarnos de antemano cuáles son esas costumbres y, si no aplicarlas, al menos tratamos de respetarlas y no violarlas.

En la milonga pasaría lo mismo: según esa chica, lo mínimo que podía hacer mi amigo era adaptarse a los códigos existentes y respetarlos.

Pero mi amigo creía que en Salón Canning, las dos formas de sacar a bailar eran válidas. Que no habría hecho lo mismo en Sunderland o en La Baldosa. Y, sobre todo, considera que las reglas de buena educación (saludar, decir "por favor" o "gracias" o "no, gracias") son universales y trascienden los códigos locales del microcosmos de la milonga. Que ante su invitación a bailar, lo mínimo que podía hacer esa chica era agregar "gracias" después de su "no". Que no pretendía que la chica aceptara su invitación, pero que al menos no lo tratara como un perro.

Milonguer@s y no milonguer@s, ¿ustedes qué opinan? ¿Tuvo razón esa chica en contestarle como le contestó y en considerar que le corresponde a él enterarse de antemano de las costumbres locales de la milonga? ¿O tuvo razón mi amigo en sentirse ofendido por su falta de modales y en hacérselo saber?
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martes, 7 de octubre de 2008

Life is complicated

Hoy fui a una práctica. Había un chico con el que siempre quiero bailar y nunca me saca. Como lo conozco un poco, al final de la práctica, me acerqué para despedirme y aproveché para preguntarle:
- ¿Alguna vez me vas a sacar?
- Mirá, ¿te puedo ser sincero?, me contestó, y me eché a temblar.
- Sí, claro.
- Bueno, resulta que una vez te saqué y me dijiste que no. A partir de ahí, nunca más te iba a sacar.
Tengo que reconocer que no guardo ningún recuerdo de ese episodio. Le puedo haber dicho que no por mil y unas razones. Entonces le dije:
- ¿Vos sabés que puede haber mil razones por las cuales te dije que no?
- Sí. Así como hay mil razones por las que no te iba a volver a sacar después de eso.
- Mmh... ¿Entonces nunca vamos a bailar juntos?
- La próxima vez, sacame vos.
- O sea que si la próxima vez te saco yo, ¿me vas a decir que sí?
- Sí, yo nunca le digo que no a una mujer. Por más que ella me haya dicho que no.
- ¿Y después me vas a volver a sacar vos?
- Si me sacás vos, sí, a partir de ahí, te volveré a sacar yo. Porque hay códigos, ¿entendés?
Entiendo.
La vida de la milonga es complicada...
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