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lunes, 5 de diciembre de 2011
Mi vida por un par de zapatos de tango
miércoles, 25 de mayo de 2011
El campeonato metropolitano de tango, ¿anulado?
Resulta que este año, a diferencia de los años anteriores, el reglamento estipuló en su artículo 4 que solamente los candidatos de nacionalidad argentina se podían presentar. Y que uno de los dos acreditara residencia en la ciudad de al menos dos años. Antes, solamente este último requisito era indispensable.
Este año, se decidió que solamente los argentinos se podían presentar. ¿La razón esgrimida? Los ganadores del campeonato representan a la Ciudad de Buenos Aires en el Mundial de Tango del mes de agosto. Por lo tanto, no querían correr el riesgo de que fueran extranjeros los representantes de Buenos Aires en el certamen mundial.
El tema es que no terminó ahí la historia. Una canadiense, Alison Murray, al no poder presentarse en una de las rondas, presentó un recurso de amparo, avalado por una jueza porteña en lo Contencioso Administrativo y Tributario, Elena Liberatori. La jueza ordenó a los organizadores aceptar su candidatura.
Así fue como esta canadiense que vive en Buenos Aires desde hace casi seis años, está casada con un argentino y tuvo dos hijos argentinos, pudo presentarse (como lo había hecho en otras dos oportunidades en años anteriores). Contrariamente a las malas lenguas que vaticinaban su derrota inmediata, llegó en la final en las tres categorías (tango, milonga y vals).
"Ella no es una turista. Vino hace años a este país siguiendo este camino del tango y se radicó. Por el tango nos conocimos y formamos una familia. Hoy tenemos nuestro grupo de pertenencia en el tango", destacó su marido, Carlos Boeri, a la agencia Télam.
Anécdota aparte, resulta que un abogado argentino que se quiso presentar con su pareja extranjera y no pudo, Christian Rubilar, presentó otro recurso de amparo, junto a otros cinco extranjeros excluidos, ante el juez porteño Roberto Gallardo, que dispuso la "conexidad" de ese recurso con el de Alison Murray y giró el expediente a Liberatori.
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| Foto Gobierno de la Ciudad |
"Por lo tanto", dijo la jueza, "cabe preguntarse si acaso los goles de (Lionel) Messi en Barcelona quitan españolidad al equipo de fútbol en cuestión o bien, el American Ballet Theatre deja de ser menos estadounidense porque en él brilla como primera bailarina nuestra Paloma Herrera" (y Herman Cornejo, y en su tiempo Julio Bocca, agregaría yo...).
martes, 29 de marzo de 2011
La parte del varón
¿Por qué entonces, en mi primera frase, dije que creía que la mujer la tiene más fácil, pero "con reservas"?
Bueno, miren ahora este video de Alejandra Mantiñán y Demián García, y vean cómo todo es cuestión de diálogo y de estar a la escucha de la otra persona. Estamos hablando aquí de improvisación pura, algo no ensayado: se enteraron pocas horas antes de la exhibición de que iban a bailar juntos.
Del tiempo 1'59'' a 2'04'', ella toma una iniciativa de marcar unos ganchos entre las piernas de él y de hacer pasos que claramente no están marcados por él. Él, al ver que ella no tiene intención inmediata de salir de esa posición, no se mueve más, no le marca nada, y espera que ella desarrolle su creatividad, hasta el fin de la frase musical.
Por eso no está tan claro eso de que la persona llevada tenga la parte más fácil. Saber usar esos espacios, proponer, dialogar, también es todo un arte.
martes, 1 de marzo de 2011
La violencia de género, también en el tango
X. (prefiero no divulgar nombres para no calumniar, pues ante la ley, todos somos inocentes antes de que se demuestre lo contrario) es un afamado y reconocido bailarín internacional, que fue protagonista de varios espectáculos como Tango Argentino o Tango Pasión.Edit: una fiel lectora de este blog, a la que aprovecho para saludar porque sé que siempre me tiene presente y no deja nunca de seguir lo que escribo, me señala muy amablemente que Mayte Valdes era pareja en la vida de Z., pero no en el baile. Gracias por esta aclaración.
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jueves, 25 de noviembre de 2010
Frases de la milonga #2
"Me vino a sacar pero como estaba en zapatillas le dije que no".
lunes, 8 de noviembre de 2010
A los codazos
Así, sin más: los hombres que rodeaban a los indeseables los iban arrinconando y empujando a codazos, mientras bailaban como si nada.
No lo digo porque me lo contaron. Yo lo he vivido.
Yo creo que como en todo se puede hallar un término medio, y francamente, no creo que esos lugares dañan a nadie. Simplemente, es imprescindible estar advertido y saber que esas cosas pueden ocurrir y aprender a respetar las reglas y a valorar la experiencia de los más experimentados, para no salir escandalizado y no decidir no volver a pisar nunca más una milonga.
Organiza Graciela H. López
Cómo llegar: colectivos 39(ramal 2)-168(cartel amarillo)-41-42-60-63-67-98-152-161-194. Subte D, estación Olleros. Tren Ferrocarril Mitre, estación Colegiales
viernes, 6 de agosto de 2010
No se baila con los brazos
jueves, 15 de julio de 2010
Tango Queer, milonga gay
Primer postulado: el ambiente del tango, así como la sociedad argentina, son machistas.
En fin, de lo que quería hablar en esta entrada es del tango queer y de las milongas gays. Como resultado de la intolerancia, gays, lesbianas, trans, travestis, etc., buscaron lugares en los que podían, como cualquier otra persona, disfrutar de la conexión, el sentimiento, el contacto y la seducción del tango. Y así surgieron espacios llamados "milongas gays", como es el caso de La Marshàll, abierta en 2002, y que funciona los miércoles y los sábados.
Si bien es la milonga gay friendly más conocida de Buenos Aires, La Marshàll no es el único lugar de tango queer (queer: en inglés, "raro", "extraño", "excéntrico"... el término fue utilizado tradicionalmente para nombrar a la comunidad gay, lesbiana, transexual, travesti y transgénero de manera peyorativa, y fue retomado a principios de la década de los noventa en Estados Unidos por la misma comunidad para resignificarlo).Podemos decir que si algo tiene representación simbólica, existe. Solo entonces se hace reconocible para una sociedad. El tango es una danza popular, y como tal, funciona como espejo de la sociedad de la cual surge y en la cual se desarrolla. En este caso, la sociedad porteña. Pero el tango también es una danza de fuerte connotación sensual.
Por eso, vale pensar que lo que este “espejo” refleja es la forma en que nuestra sociedad concibe el erotismo entre sus integrantes: en primer lugar, hombre-mujer. Luego, activo-pasiva. Dos roles bien claros, definidos. Este binomio simplifica notablemente la compleja red erótica que existe entre los individuos, y que si bien representa a una mayoría identificable en la sociedad, instituye una forma de sentir “admitida”, condiciona y censura formas de sentir diferentes. Se fija como modelo. Y afuera de este modelo quedan todos aquellos cuyo sentir es distinto.
Así pues, en esta representación social, que podemos definir, considerando su fuerza simbólica, como una “fórmula del sentir erótico”, no están representadas las lesbianas, los gays, los bisexuales, los transgéneros. Ni tampoco las mujeres y hombres heterosexuales que pudieran concebir su erotismo de manera distinta.
El intento por homogeneizar, estetizar y “normalizar” las formas del baile y los ambientes en los que ésta se desarrolla va en contra de la permanente improvisación y movimiento que constituyen la dinámica tanguera, la cual pugna permanentemente por formas que vayan adaptándose a los cambios culturales y sociales de quienes forman parte de ella.
Es éste el contexto que propicia el nacimiento y crecimiento de un espacio como Tango Queer.
La Marshàll
Maipú 444 - Los miércoles a las 22hs
Rivadavia 1392 - Los sábados a las 22hs
Tel: 4300-3487 / 15 5458 3423
Organizan Augusto Balizano y Roxana Gargano
Contacto: milongalamarshall@yahoo.com.ar
Tango Queer
Perú 571, San Telmo
Los martes de 20h30 a 02h00 (clases a cargo de Mariana Docampo y Soledad Nani)
Belgrano 2259 - Los jueves de 19 a 21 hs
Tel: 15 3252 6894
Organiza Mariana Docampo
Cómo llegar: Colectivos 2, 6, 17, 23, 39, 59, 60, 67, 91, 96, 98, 100, 102, 103, 168. Subte: Linea C - Estación Moreno y Linea A - Estación Belgrano
Contacto: contacto@tangoqueer.com, mariana@tangoqueer.com
sábado, 10 de octubre de 2009
La milonga y el sexo
El otro día leí una nota de la agencia EFE que decía que además de reducir el estrés, el tango eleva la líbido y el placer sexual.En un estudio realizado en la Universidad de Frankfurt, una psicóloga colombiana, Cynthia Quiroga, asegura, después de analizar muestras de saliva de 22 parejas de bailarines de tango, que la reducción de la hormona del estrés se consigue principalmente a través de la música mientras que la subida de la testosterona es producto del baile y del contacto con el compañero.
Muchas veces mis amigos no-tangueriles me preguntan qué onda con los muchachos después de bailar torso contra torso. "No me digas que no pasa nunca nada, que solamente se va a bailar", me dicen.
Bueno, pues no. No se va solamente a bailar, obvio. Es más. La milonga es un gran quilombo. Y con esta palabra me quedo corta. Lo que se vive ahí adentro es bastante particular. No sé si se puede ir a la milonga sólo para bailar tango.
Para hombres y mujeres, es muy fácil, en ese ambiente, histeriquear, seducir, levantar, ir a "desayunar" con alguien (un clásico) y darse cuenta, un buen día, de que todas las conquistas son del mismo lugar.
Y puede llegar a ser al punto de irse con una persona distinta cada noche. Claro que las mujeres lo hacen de manera un poco más discreta, por el eterno machismo que hace de los hombres que se acuestan con muchas mujeres unos winner totales, y de las mujeres que se acuestan con muchos hombres unas atorrantas sinvergüenza.
Pero al final, es lo mismo: en la milonga, en todo caso en las milongas jóvenes (¿será lo mismo en las milongas pobladas en su mayoría por seniors?), todos y todas se acuestan con todos y todas. Al final, pasamos a ser una gran familia...
Y también, es entendible. Estar 15 minutos contra el cuerpo de alguien puede llegar a ser muy turbador. Si la otra persona no nos atrae en lo más mínimo, no pasa nada. Es más, nos desagradará "sentir" que a la otra persona sí le pasa algo, sobre todo si ese "sentir" es textual (mujeres, ¿nunca les pasó de "sentir" que su pareja se entusiasmó demasiado con el baile?).
Pero si nuestra pareja de baile nos atrae, y si esa atracción es recíproca, cuidadito que la pista se puede incendiar.
Después de la tanda, hay dos posibilidades: o la pareja termina en la cama, lisa y llanamente, o la excitación no pasa de eso, un momento de calentura agradable (y el histeriqueo puede durar meses, y puede terminar en nada).
Sabiendo todo eso, y sabiendo que todos y todas saben todo eso, ¿es posible que se armen parejas duraderas en la milonga?
Pues sí. Conozco, y varias. Quien suscribe es fiel testigo de que es posible.
Es difícil manejar el tema de los celos, por supuesto. Por lo general, las parejas "normales", digo, las que no bailan tango, no tienen que soportar varias veces por noche el espectáculo aterrador de sus parejas pegadas a sus ex con sus piernas entrelazadas, rostro contra rostro, respiración contra respiración (sí, sí, aterrador, traten de imaginarlo dos minutos y después me cuentan).
Pero con respeto mutuo, amor, cariño, confianza y muuucha comunicación dentro de la pareja, se puede sobrevivir a esta cruel experiencia.
Pregunta lógica: ¿es posible bailar con alguien de manera sensual, y hasta sexual, pero no sentirse atraído/a por esta persona fuera de la pista y que no pase absolutamente nada entre los dos una vez que se rompe el abrazo?
Nuevamente, sí. Es más, los hombres con los que más me gusta bailar, con los que me siento más a gusto en la pista, con los que más disfruto, son también, notablemente, hombres que no me atraen en lo más mínimo y con los que nunca ha pasado absolutamente nada.
Yo calculo que el estudio ése del que hablo arriba se hizo con parejas de baile que también son parejas en la vida, porque francamente, y menos mal, ¡uno/a no se calienta con cada persona con la que baila! Y ojo, también puede pasar que uno/a esté muy enamorado/a, pero no le guste bailar con su pareja.
Así que en la pista, todas las combinaciones son posibles, no está nada escrito, y no se puede sacar absolutamente ninguna conclusión viendo a dos personas bailar. Pueden ser dos amigos, dos amantes, dos desconocidos, es más, también pueden ser dos personas que se odian pero que, en la pista, sacan chispas.
Para resumir: sí, el tango elevará el deseo sexual en algunas situaciones y con alguna gente, pero esto no significa absolutamente nada. Así que a no sacar conclusiones apresuradas, que tampoco somos animales, che...
viernes, 8 de mayo de 2009
Práctica vs. Milonga
En efecto, existen al menos dos tipos de manera de ir a bailar tango, y las voy a resumir aquí. Ojo, voy a ser bastante esquemática. Milongueras y milongueros, sepan disculpar, pero me dirijo sobre todo a las personas que no forman parte del mundo tangueril. Si quieren añadir algo, claro que lo pueden hacer dejando un comentario (y por favor háganlo, nada mejor que compartir experiencias, vivencias y puntos de vista).
Entonces, vistas de afuera y de lejos, la práctica y la milonga son lo mismo: muchas personas que se juntan para bailar tango en un salón especialmente dedicado a eso.
Pero si nos acercamos un poco, podemos ver las diferencias.
La práctica:
Se trata de un lugar en el que se pasa música de tango, por lo general de manera continuada, sin tandas y sin cortinas (aunque en algunos lugares sí se hace), adonde la gente va a bailar, como el nombre lo indica, a modo de práctica, es decir, de entrenamiento.
Hay prácticas guiadas, supervisadas por uno o varios profesores que tiran ideas de pasos, corrigen, sugieren. Esto siempre se hizo, y de hecho recomiendo enfáticamente la Práctica a la Antigua de Gabriel Missé y Diego Mohammad, los martes por la noche.
Y también hay prácticas a secas, en las que la gente simplemente va a bailar un rato, con su pareja o no. Raras veces hay mesas, a lo sumo sillas alrededor de la pista, tal vez un bar para tomar algo y nada más.
La milonga:
Es, ante todo, un acontecimiento social. Un lugar al que uno va a encontrarse con gente, comer o tomar algo, y entre charla y charla, bailar alguna tanda. Es un lugar de reunión, de sociabilización. La meta no es bailar lo más posible, como en la práctica, donde el único objetivo es ése, bailar, sino pasar un buen rato.
La realidad es que hoy en día, entre los principiantes más que nada y la nueva generación del tango, mucha gente va a las milongas como a las prácticas. Me incluyo, en mis primeros años tangueriles, en los que nadie me había enseñado esas sutiles diferencias, nadie me había explicado la esencia de la milonga. Lo descubrí poco a poco, cuando el tango dejó de ser, también para mí, una mera actividad deportiva o artística para pasar a ser un evento social.
Un documental que lo explica muy bien es Milonga, el abrazo del tango, de Mafalda Trotta.
Hoy día, ya no voy a la milonga a bailar. Voy a la milonga a reunirme con mis amigos, a pasar un buen rato, y ese buen rato incluye bailar tandas con gente seleccionada, en momentos privilegiados, las que más me gustan o me inspiran en ese momento. Ya no bailo frenéticamente, como si de mi vida dependiera que me baile todas las tandas, como sí me sucedió al principio, y durante casi tres años.
De esa manera distinta de abordar el tango viene la diferencia entre un bailarín y un milonguero, creo yo. El bailarín enfoca el tango como una actividad física, artística, creativa. El milonguero lo vive. Aunque claro, se pueden ser las dos cosas, y los ejemplos sobran. Menos mal.
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miércoles, 13 de agosto de 2008
De Pugliese, D'Arienzo o Caló
Como expliqué en la entrada sobre los códigos, en general en las milongas se ponen tandas de tres, cuatro, o hasta seis tangos (como en La Viruta), todos de una misma orquesta. Cuando hablamos de D'Arienzo o Caló, hablamos de las orquestas, no de los que compusieron la letra o la música del tango.
Y por lo general, el nombre es doble: mencionamos la orquesta y el cantor. Un Caló-Berón no es lo mismo que un Caló-Podestá, o un D'Arienzo-Echagüe que un D'Arienzo-Mauré. Son épocas distintas, tal vez maneras distintas de tocar.

Cada orquesta tiene su estilo, más picado o más melodioso, según las épocas y las modas. En general hasta 1935, es un tiempo muy marcado pero lento, como la orquesta de Francisco Canaro, que podemos apreciar aquí en Suerte loca:
Luego aparece Juan D'Arienzo, el "Rey del Compás", que con el pianista Rodolfo Biaggi marca un giro rotundo en el estilo del tango, a tal punto que impuso la moda a todas las otras orquestas del momento: mucho más picado y rápido. Juan D'Arienzo grabó más de mil temas entre 1926 y 1975. Llevó el ritmo a ni
veles vertiginosos hasta el año 1939 más o menos, tras lo cual se mantiene unos años y luego empieza a decaer. Vendió dos millones de copias de su versión de La Cumparsita, algo inédito para la época. Donde tocaba él estaba asegurada la concurrencia de miles de seguidores. D'Arienzo marcó tanto el tango y la forma de bailarlo que hoy día sigue objeto de debates, acerca de si su orquesta sonaba mejor con Rodolfo Biaggi o Fulvio Salamanca en el piano, si es mejor la época 1935-1939 o las épocas posteriores, o si era un demagogo...
Un ejemplo de la colaboración entre D'Arienzo y Alberto Echagüe, que data de 1951, , donde se usa muchísimo lunfardo (pueden consultar la letra aquí):
En la década de los cuarenta, el ritmo se vuelve más melodioso y la letra más romántica
, sobre todo cuando en 1943 el régimen de facto del general Pedro Ramírez prohíbe el uso del lunfardo. En 1942, cuando Miguel Caló graba Qué te importa que te llore con Raúl Berón (que durante mucho tiempo fue mi tango preferido), todavía se nota la influencia del picadito, pero con el violín melódico que se mete atrás:Con Carlos Di Sarli, "El Tuerto" (llamado así porque le faltaba un ojo después de un inte
nto de suicidio), llegamos a una estructura armónica única, como podemos apreciar en esta grabación de Bahía Blanca de 1957 o 1958:Luego vinieron los más innovadores, particularmente Osvaldo Pugliese, cuyo estilo vanguardista se anticipó al de Astor Piazzolla. Cuando aparece Pugliese, los más tradicionalistas decretan que lo que toca no es tango. Lo mismo sucedió años más tarde con Piazzolla. Acá un ejemplo con Pata Ancha:

Entonces, algunos bailarines bailan mejor el estilo milonguero de un D'Arienzo, otros prefieren delirar sobre un Pugliese, otros elegirán un estilo más puro de tango salón con un Di Sarli...
Y eso es de lo que hablamos cuando mencionamos las famosas "tandas".
viernes, 1 de agosto de 2008
El tango explicado a mis padres
Lo que existen son diversas formas de bailarlo según las épocas y sobre todo, según los estilos musicales (los cuales, de hecho, tampoco se salvan del famoso "Esto no es tango", desde Osvaldo Pugliese hasta el tango electrónico pasando por Astor Piazzolla).
¿Quién puede decidir qué estilo de qué época es o no es tango? Yo tengo mi propia visión al respecto, que desarrollaré en otra entrada. Por ahora me limitaré a describir, de la manera más desencarnada posible, algunos de los estilos del tango como danza, que divido en cinco categorías (en otra entrada también hablaré de los estilos musicales):
Tango canyengue:
Tango milonguero:
Tango salón:
De la nueva generación, uno de mis bailarines favoritos es Sebastián Achaval. Tiene 28 años y ganó el Campeonato Mundial en el 2005. Aquí baila Café Domínguez, por la orquesta de Angel D'Agostino, con su compañera Roxana Suárez:
Tango escenario:
Los espectáculos como Tango Argentino, montado en Broadway en 1983 por Claudio Segovia, Tango Pasión, Tangox2, Forever Tango, Tanguera, son de tango escenario. Todos triunfaron primero en el exterior. En Argentina eran recibidos con bastante frialdad hasta que finalmente fueron reconocidos también en su país (algo recurrente en la historia del tango, que tuvo que ser reconocido primero en París en la década de los veinte para adquirir sus letras de nobleza y pasar de ser, en Argentina, una danza arrabalera a una danza de salón).
Aquí vemos una hermosa milonga extraída del espectáculo Tango Pasión, La Luciérnaga, magistralmente interpretada por el Sexteto Mayor y bailada por Alejandra Mantiñan y Gustavo Russo en 1997 en el Théâtre des Champs Elysées de París.
(para los neófitos: la milonga, además de ser el lugar en el que se baila tango, es un género musical emparentado con el tango, pero con otro ritmo, más "cuadrado", mucho más alegre, y con orígenes afrocubanos como la habanera)
Tango nuevo:
Nuevamente, y aunque sus "fundadores" son argentinos, el tango nuevo se popularizó sobre todo en el extranjero, donde la gente quedó impactada por los espectáculos de tango escenario. Se empezaron entonces a fusionar diversas danzas con el tango: danza moderna, contemporánea, contact improvisation e incluso artes marciales.
En este caso creo que se puede decir que el estilo de baile antecedió al estilo de música: como explica Carlos Libedinsky, compositor e intérprete del disco Narcotango, el tango electrónico nació precisamente de la necesidad de crear una música acorde a lo que se estaba bailando cada vez más en las milongas europeas: "Llegó un momento en que hubo un cambio en la forma de bailar, pero no en la música", considera. "El tango electrónico permitió acompañar estos nuevos movimientos". Así, por ejemplo, surgió Gotan Project en Francia o Bajo Fondo Tango Club en Argentina.
Uno de los que personifican el tango nuevo es sin dudas Mariano "Chicho" Frúmboli, alumno de Gustavo Naveira, y quien vivió durante muchos años en París, donde bailaba principalmente con Eugenia Parrilla. Juntos formaban una extraña pero deslumbrante pareja, él de imponente estatura, firmemente anclado al piso, y ella delgada y etérea.
Hoy día, Chicho, nuevamente radicado en Buenos Aires, baila con la maravillosa Juana Sepúlveda y juntos recorren el mundo dictando clases y haciendo exhibiciones. Aquí los ven en Ave María de Astor Piazzolla. No se olviden de que todo está improvisado. De hecho ese tema lo bailaron muchísimas veces, y en You Tube nunca lo verán interpretado dos veces de la misma manera:
Nota: el Campeonato Mundial de Tango, cuya sexta edición comienza el 24 de agosto próximo, se divide en dos categorías: Tango Salón y Tango Escenario. Ambas, como ya comprenderán, muy distintas, dado que una es de improvisación (los participantes ni siquiera saben qué temas van a bailar, se enteran en el mismo momento en que pisan la pista) y otra es de coreografía preparada y ensayada con muchos meses de anticipación.
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sábado, 28 de junio de 2008
Las 1001 razones por las que las mujeres decimos que no
¿Qué hombre no ha sido, al menos alguna vez, rechazado a la hora de sacar a bailar a una mujer?
Son situaciones incómodas para ambos. Para el hombre, recibir ese "no", por más que venga acompañado por una sonrisa y un "gracias", es como una bofetada. Para la mujer, también es un momento de tensión desagradable. Situación evitada por el cabeceo, por supuesto. Pero estamos hablando de esas milongas en las que no se usa el cabeceo.
¿Pero por qué las mujeres decimos que no? En general, los hombres deducen dos cosas:
- no le gusta como bailo
- es una agrandada
En realidad, las razones pueden ser mucho más complejas y múltiples (aunque también pueden ser ésas, claro). Aquí van algunas (lista no exhaustiva):
- La mujer acaba de bailar una tanda de milonga o de lo que sea que la cansó. De Gavito si estuviera vivo para abajo, es probable que le diga que "no" a cualquiera que la saque en ese momento. Claro que siempre pasa la situación en que una mujer le dice que "no" a alguien porque está realmente cansada, y dos segundos después, ese alguien la ve bailar en la pista con otro. "¿Cómo? ¿No era que estaba cansada? ¡Me mintió!", pensara el pobre hombre rechazado.
Es que hay una realidad: a algunos bailarines no se les puede decir que no. No quiero citar nombres, pero a esos bailarines re-grossos (o que una considera re-grossos, esas cosas son muy, pero muy relativas), si les decís que no, no te volverán a sacar nunca más en su vida. Y si ese hombre nos saca, por más que estemos muertas de cansancio nos levantaremos como de una silla eyectable y en un santiamén estaremos dando vueltas en la pista entre sus brazos, y encima con una sonrisa de oreja a oreja, bajo la mirada azorada del que un instante antes había sido rechazado.
Es así. No hay vuelta que darle. Me ha sucedido muchas veces y volverá a suceder. Es una cuestión jerárquica. Si fuera común y corriente que las mujeres sacaran a bailar, yo sé que sería de las mujeres a las que un hombre diría que "no" con el argumento de que está cansado, pero que saldría a bailar con esa otra bailarina magnífica re-grossa sin el menor atisbo de vacilación y a pesar de estar extenuado. De hecho, como yo soy de las mujeres que sacan a bailar, me ha pasado, y más de una vez.
Tenemos que conocer nuestros propios límites. - Hace une hora que la mujer se ubicó estratégicamente cerca o en el ángulo de visión de ese bailarín con el que sueña bailar desde hace días/semanas/meses. Y está a punto de conseguirlo. Hubo algunas miradas, algunas señales de que ese bailarín está a punto de sacarla a bailar. Pero todavía no se definió nada. En eso viene Pirulo y le dice: "¿Bailás?". Si la mujer acepta, toda la estrategia elaborada durante una hora se le va al diablo. ¿Cómo explicárselo a ese hombre que con toda la buena voluntad del mundo la viene a sacar? ¿Cómo decirle: "Mirá, hace una hora que estoy esperando que me saque otro"? Más si el otro finalmente no la saca: humillación total. Para ella.
- A la mujer la acaban de pisar el pie con un taco aguja de 10 cm y lo tiene a la miseria. No, no siempre es una mentira. Allí volvemos a la situación del punto 1: a pesar de tener una herida profunda y sangrante, si viene el bailarín a sacarla, aquel al que no se puede decir que no, la mujer se olvidará inmediatamente de que se tiene que ir a aplicar urgentemente la antitetánica y saldrá con él a la pista con su mejor sonrisa y sin siquiera renguear aunque sea un poquito.
- A la mujer le gusta bailar con vos, pero no esa tanda. Vos con Pugliese la verdad que sos un tronco, te prefiere para un D'Arienzo. Fijate en qué estilo se siente más cómoda con vos: probablemente sea el estilo en que vos también te sientas más cómoda con ella.
- Tardaste algunas tandas en atreverte a sacarla porque no te animaste/bailaste con otras/lo que sea. Tandas que ella aprovechó para bailar con otros. Cuando llega el final de la noche y finalmente lograste juntar valor para sacarla, ella no solamente está exhausta, sino que encima está de mal humor porque no logró bailar con ese bailarín con el que soñó toda la noche con bailar, y encima quiere reservar sus últimas fuerzas por si finalmente ese bailarín se fija en ella. Lo más probable es que te rechace. Y es posible que dos minutos después, la veas bailar con ese bailarín y te vaya a dar una bronca fenomenal (también es posible que ella se quede con las ganas y la bronca porque no solamente ese bailarín no la sacó sino que además te dijo que no a vos).
Consejo: sacala al principio de la noche, cuando todavía está fresquita y no está ahorrando energías para bailar con ese bailarín. - Está charlando con sus amigas. El otro día me pasó: estaba conversando en una mesa, una de esas charlas de mujeres absolutamente ininterrumpibles (salvo por ese bailarín con el que soñamos bailar, obvio, y por nuestros amigos) y se acerca un hombre al que nunca había visto en mi vida para sacarme. Le dije lo más cordialmente que no, que estaba hablando, y se me quedó mirando como preguntando: "¿Y?" Y bueno, nada, estoy charlando, estás interrumpiendo. Con un amigo no pasa nada, pero con alguien que no conozco, me parece ligeramente desubicado.
- A lo mejor bailás como los dioses, pero es la primera vez que venís a esa milonga, o una de las primeras veces, o siempre venís pero ella es una distraída total y nunca se fijó en vos. Esa noche ya bailó con dos principiantes que le pisaron el pie y la chocaron con todo el mundo, no tiene ganas de volver a experimentar. Ella se lo pierde, pensarás. Es posible. Y quizás cuando te vea bailar con otra piense: "Nooooo.... Y yo le dije que no a ese chabóóón... Me quiero mataaaaar..." (típico...). Pero bueno, son cosas que pasan. Si para subsanar su error ella viene y te saca, siempre tendrás la posibilidad de vengarte y decirle que no a ella.
(tssss.... feo feo lo que acabás de hacer, ¿cómo es eso de que te querés vengar?). - Finalmente, volvemos al "no le gusta bailar con vos". Y sí, puede pasar. Puede que no bailes mal, puede que incluso bailes bien, pero que no tengas idea de cómo manejarte en la pista, que no respetes los códigos, y que la última vez que bailó con vos, terminó con una uña del dedo gordo del pie derecho arrancada, un pedazo de carne desgarrado por el boleo de una chica a la que te acercaste demasiado y un taco aguja clavado por el mismo motivo. En definitiva, no la cuidaste. Si te dice que no, es por defensa propia... Aprendé a respetar los códigos de la pista y volvé a invitarla.
Conclusión: hombres, ¡no (siempre) se ofendan cuando les decimos que no! Razones hay miles y no son siempre mentiras.
De hecho, probablemente me olvide de algunas otras razones por las que una chica puede rechazar a un hombre. Mujeres, si se acuerdan de otras, ¡por favor dejen un comentario!
Claro que los hombres también nos pueden criticar, no (siempre) somos perfectas...
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jueves, 26 de junio de 2008
Mujer-mujer
Es decir que me vestía con ropa cómoda, no me maquillaba, no me pintaba las uñas, no usaba tacos altos, no tenía pelo largo, en fin, vivía cómodamente, como cualquier ser humano lo hace a diario (desafío a los hombres que aman a las mujeres producidas a que pasen un solo día en la piel de una de esas mujeres: que se depilen enteramente, cejas incluidas, que se maquillen, se tapen las ojeras, los granitos, que se pinten las uñas de rojo - sólo eso les llevará más o menos dos horas para que quede prolijo - que se pongan una minifalda y tacos de 9 cm, y que salgan a la calle con 2 grados bajo cero de sensación térmica... luego me dirán lo que prefieren).
En fin, un buen día empecé a tomar clases en La Viruta. Al principio, iba en jeans y zapatillas. Estuve así durante unos dos meses. Hasta que me di cuenta de que para pivotear en los ochos, era mejor suelas que no fueran de goma. Me empecé a poner zapatos.
Más tarde, me di cuenta de que casi siempre estaba con el peso sobre los dedos de los pies. Y me cansaba mucho. Y si me ponía tacos, me cansaba menos, porque a pesar de tener el peso hacia adelante, podía descansar sobre ellos. Me empecé a poner zapatos con tacos más altos. Eso sí, siempre con jeans.
Luego empecé a aprender figuras como ganchos y boleos, y me di cuenta de que los
jeans ya no eran tan cómodos. Empecé a usar polleras.Y así caí en la cuenta de que todas las noches, sin pensarlo demasiado, me ponía una pollera y tacos altos (la altura de mis tacos era relativa: empecé con tacos de 5 centímetros, que ya me parecían inmensos). Algo así como en la foto...
Y poco a poco, me empezó a divertir eso de disfrazarme de mujer-mujer, y decidí completar la panoplia y me empecé a pintar. Nada estrambótico, pero bastante revolucionario para mí.
Las miradas de los hombres de la milonga cambiaron por completo: de repente, me convertía en una presa interesante.
Es maravilloso ver cómo la vestimenta, el eye-liner, los zapatos (que pronto alcanzaron la vertiginosa altura de 9 cm, como en esta última foto) (¿quién hubiera dicho, hace tan sólo dos años, que me llegaría algún día a exatasiar ante un par de zapatos?) y el lápiz labial pueden transformar radicalmente la mirada de la gente.Eso sí: las primeras veces que mis amigos pre-tango me vieron así, se llevaron una sorpresa bastante grande. Ahora, pobres, están acostumbrados, porque cuando salgo con ellos, lo más probable es que de todos modos termine en la milonga, con lo cual ya acudo disfrazada.
Porque nadie me va a quitar de la cabeza que todo esto no es más que un disfraz.
sábado, 21 de junio de 2008
Los códigos de la milonga
Algunos milongueros los conocen. Otros no tienen idea de su existencia y no les parece importar demasiado. Otros los conocen pero los ignoran: en la milonga existen códigos que se supone hay que respetar cuando uno pisa estos lugares que son algo así como antros sagrados.
Algunos son partidarios de que en la milonga haya que pagar derecho de piso. Yo no. Yo creo que si fuera el caso en todas las milongas, el tango habría desaparecido desde hace rato.
Pero me parece bien que algunos lugares conserven esas tradiciones un poco anticuadas, es más, me parece fantástico, y soy una defensora de la permanencia de esos códigos -a pesar de que no los practico- por una razón de conservación del patrimonio histórico.
Se podría comparar con la danza clásica. Alguna vez un amigo me preguntó por qué se seguían manteniendo compañías de danza clásica, con lo anticuado que es. Le respondí que la danza clásica es nuestro patrimonio cultural, que a nadie se le ocurriría hacer desaparecer las orquestas filarmónicas clásicas bajo pretexto de que ahora existe la música contemporánea.
Pues bien, en la milonga ocurre lo mismo. Me parece muy bien que existan milongas tradicionales en las que se conserven, alimenten, cuiden los códigos establecidos a principios de siglo, y que garanticen la perennidad de la tradición.
¿Cuáles son estos códigos?
Yo los dividiría en dos grupos: los de la pista y los de fuera de la pista.
Los códigos en la pista:
- Se baila en sentido contrario a las agujas del reloj. Algún orden tiene que haber para que la gente no se choque...
- Existen varios carriles/círculos, desde el más grande en el borde de la pista, hasta el más pequeño en el centro.
- Los bailarines principiantes bailan en los círculos internos para no molestar la circulación de los que bailan mejor (o creen hacerlo)
- No se debe pasar de un carril a otro. Si la pareja que está adelante no avanza, pues se espera. Uno no se tiene que meter en otro carril con el argumento de que ahí sí hay lugar, porque puede provocar accidentes (el tango es peligroso...)
- No hay que encerrar a la pareja que está adelante. Hay que dejarle el espacio necesario para dar los pasos correctamente, y pensar que esa pareja que nos precede puede dar un paso hacia atrás, hacer un giro, etc.
En las milongas en las que se respetan a rajatablas estos códigos, no es infrecuente que se "corra" a un bailarín desobediente. Un codazo por aquí, otro empujoncito por allá, y el pobre infeliz queda fuera de la pista. No es de extrañarse que los jóvenes sean reticentes a pisar una milonga...
Pero tengo que reconocer que estos códigos en la pista son imprescindibles para que todos puedan bailar tranquilamente (sin golpes ni taconazos ni empujones), y me revienta cuando bailo con alguien que no los respeta.
Los códigos fuera de la pista (para sacar a bailar)
- Mujeres, éste es un mundo machista, así que el que saca es el hombre.
- Para eso, se usa la técnica del cabeceo: cuando un hombre quiere sacar a bailar a una mujer, realiza un leve cabeceo (miopes abstenerse) que significa: "¿Bailás?". La mujer tiene dos opciones:
- quiere bailar con ese hombre: le devuelve el cabeceo, se levanta y se dirige hacia la pista, pero eso sí, no va al encuentro del hombre: es él el que se tiene que acercar hasta ella.
- no quiere bailar con ese hombre: simplemente lo ignora, hace como que no lo vio, y sigue con la mirada dispersa por el salón.
Esa técnica permite que el hombre no se coma el garrón de que todos vean que fue rechazado: el honor varonil está a salvo.
- Durante el baile no se habla (y por favor, hombres, ¡tampoco se canta! Nada más desagradable que tener en el oído el eco desafinado del tango que estamos bailando cantado por nuestra pareja).
En general se suelen pasar tandas de tres o cuatro tangos de una misma orquesta. Entre tango y tango es el momento de la conversación y/o el chamuyo ("¿Venís a menudo a bailar acá?", "Qué lindo que bailás, ¿con quién aprendiste?", "La pista está terrible, hoy, no?", "¿Cómo te llamás?", "¿Sos de acá?", etc. etc.).
Aunque ojo, en general a las milongas se va a bailar, no (o no necesariamente) a levantarse a alguien. O sea que no está mal visto que una mujer se siente sola en una mesa a la espera de que la saquen a bailar.
De hecho existe una milonga, Cachirulo, en la que las mujeres solas se sientan de un lado de la pista, y los hombres solos del otro, enfrentándose.
- Luego del final de la tanda, marcada por una cortina que dura unos segundos, el caballero acompaña de vuelta a la dama a su mesa, por si se pierde en el camino, vio...
- Si la dama está sentada en una mesa con un caballero, nadie la va a sacar a bailar: es propiedad privada. Salvo que el caballero baile con otras y que entonces esté claro que la pareja es tipo swinger.
- Algunos dirán que la mujer también tiene un papel activo en eso de sacar a bailar: si ella quiere bailar con un hombre, puede mirarlo con insistencia hasta que éste entienda y la saque a bailar. Yo no estoy muy de acuerdo con esa interpretación: la propuesta final siempre la hace el hombre. O sea que la mujer, por más participación que pueda tener en el cabeceo, siempre tendrá un papel más pasivo que el hombre.
Como verán, yo no soy muy partidaria de esos códigos para sacar a bailar, y prefiero elegir milongas o prácticas donde ya no estén vigentes, o ya no de manera tan sistemática.
¿Por qué tienen que existir estos códigos, según sus defensores?
Primero y antes que nada, porque el tango es una actividad social. No es como una clase de body-combat o de spinning en la que vas sol@ y no te preocupás por lo que pasa alrededor. Tiene que haber una estructura que permita que nadie se sienta invadido por el otro.
En las milongas tradicionales, primero se mira, hay que esperar a que la gente se acerque a uno, pagar un derecho de piso. A veces, esto significa no bailar en toda la noche.
Con el cabeceo se evitan situaciones incómodas: el hombre evita el desaire de que le digan que "no" delante de todos (todo se hace muy discretamente, sólo se enteran el hombre y la mujer). La mujer evita que la vengan a sacar directamente, lo cual puede provocar situaciones muy tensas si ella no tiene ganas de bailar con esa persona: decir que "no" puede ser percibido como una agresión. Además, algunas mujeres no se atreven a decir que no, se sienten obligadas y terminan bailando con hombres con los cuales no tenían ganas de bailar: feo feo.
Ahora, todo esto funciona en un ambiente algo antiguo en que "las mujeres no se atreven", "los hombres tienen que salvar su honor", "las mujeres no sacan y esperan a que alguien las mire", etc.
Yo soy de una generación en la que el honor del hombre pasa por otro lado, las mujeres pueden sacar directamente a bailar (y a muchos hombres eso les encanta), y nadie se siente ofendido por esas cosas. Por supuesto, voy a tener ciertos cuidados: si veo a una pareja sentada en una mesa, no voy a ir a sacar al hombre, por miedo a interrumpir algo. Esperaré a que ella vaya a bailar con otro, o me olvidaré de bailar con él.
Eso sí: ya que soy de las mujeres que sacan a bailar, yo también me tengo que comer el garrón de que me digan que "no" sin ofenderme. Es el precio a pagar por mi libertad...
Y ustedes, ¿qué piensan de estos códigos?
Segunda foto extraida del documental Milonga, el abrazo del tango, de Mafalda Trotta y Federico Ferrario






