Mostrando entradas con la etiqueta Lo que hay que saber. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lo que hay que saber. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de diciembre de 2011

Mi vida por un par de zapatos de tango

Nunca he sido adicta a los zapatos. Nunca me he identificado con el estereotipo de la mujer que se desvive por un par de zapatos. Nunca he entendido la histeria de Carrie Bradshaw por Manolo Blahnik. Es más, antes de ver Sex and the City, nunca había oído hablar de ese buen señor...

Hasta que empecé a bailar tango, y a mirar con más detenimiento los zapatos de tango. Al principio, como lo expliqué en otra entrada, me compré zapatos más próximos a aparatos ortopédicos que a stilettos...

Y un día, llegué a esto:


El negocio de Comme il Faut no es un local a la calle, está ubicado al fondo de una calle interna muy parisina en Recoleta, en el primer piso de un edificio. No hay escaparates, no hay precios: hay que explicar lo que una quiere, y recibe atención personalizada, a veces no muy sonriente (reina un tipo de esnobismo que mucho no va conmigo). Las extranjeras se llevan zapatos de a diez pares, sabiendo que afuera, se venden al doble del precio porteño (que es el más caro del mercado).

Tengo que admitir que son increiblemente hermosos. Una línea, unos colores, unas formas inigualables. La marca es considerada, en el extranjero, como la crème de la crème de los zapatos de tango, los rolls royce de los calzados milongueros, buscados con la misma histeria que Carrie Bradshaw sus Blahnik.

Los usé hasta hacerlos añicos... aunque finalmente, me di cuenta de que no eran tan cómodos como bellos. Primero, son muy duros. El pie se cansa mucho. Además, para mí en todo caso, el taco es demasiado alto, unos 10 cm (aunque reconozco que esto es completamente subjetivo: hay mujeres con empeines pronunciados y que no se bajan de los 11 o 12 cm). Exacerba la línea de la pierna, eso sí. Pero castiga mucho a los juanetes.

Pero los usé, y los usé, y los usé. Y llegó la hora de reemplazarlos. Busqué mucho. Y finalmente, encontré mi felicidad: Silvia Alanís.

Además de ser un personaje, esta mujer hace los zapatos más cómodos que me haya puesto. Livianos, flexibles pero sólidos, y sobre todo, muy, muy confortables. Tiene diseños muy lindos, y aunque no haya tantas opciones como en Comme il Faut, esta emprendedora artesanal no tiene nada que envidiarle.

Me compré el par más vendido, de una línea muy sobria, apuntando a algo que pudiera ponerme con todos mis vestidos:


Ponerse zapatos Alanís es casi-casi como calzarse zapatillas, de lo cómodos que son. El taco, de 7 cm, es ampliamente suficiente. Y el diseño me parece sobrio, elegante y depurado. Flexibilidad de la suela, solidez del taco... ¿qué más se puede pedir?

Alanis
Diagonal Norte 936
Bulnes 1849

miércoles, 25 de mayo de 2011

El campeonato metropolitano de tango, ¿anulado?

El noveno campeonato metropolitano de tango (rebautizado Campeonato de Baile de la Ciudad por el gobierno de Mauricio Macri) empezó y terminó con aires de escándalo.

Resulta que este año, a diferencia de los años anteriores, el reglamento estipuló en su artículo 4 que solamente los candidatos de nacionalidad argentina se podían presentar. Y que uno de los dos acreditara residencia en la ciudad de al menos dos años. Antes, solamente este último requisito era indispensable.

Este año, se decidió que solamente los argentinos se podían presentar. ¿La razón esgrimida? Los ganadores del campeonato representan a la Ciudad de Buenos Aires en el Mundial de Tango del mes de agosto. Por lo tanto, no querían correr el riesgo de que fueran extranjeros los representantes de Buenos Aires en el certamen mundial.

El tema es que no terminó ahí la historia. Una canadiense, Alison Murray, al no poder presentarse en una de las rondas, presentó un recurso de amparo, avalado por una jueza porteña en lo Contencioso Administrativo y Tributario, Elena Liberatori. La jueza ordenó a los organizadores aceptar su candidatura.

Así fue como esta canadiense que vive en Buenos Aires desde hace casi seis años, está casada con un argentino y tuvo dos hijos argentinos, pudo presentarse (como lo había hecho en otras dos oportunidades en años anteriores). Contrariamente a las malas lenguas que vaticinaban su derrota inmediata, llegó en la final en las tres categorías (tango, milonga y vals).

"Ella no es una turista. Vino hace años a este país siguiendo este camino del tango y se radicó. Por el tango nos conocimos y formamos una familia. Hoy tenemos nuestro grupo de pertenencia en el tango", destacó su marido, Carlos Boeri, a la agencia Télam. 

Anécdota aparte, resulta que un abogado argentino que se quiso presentar con su pareja extranjera y no pudo, Christian Rubilar, presentó otro recurso de amparo, junto a otros cinco extranjeros excluidos, ante el juez porteño Roberto Gallardo, que dispuso la "conexidad" de ese recurso con el de Alison Murray y giró el expediente a Liberatori.

Foto Gobierno de la Ciudad
¿Qué hizo la jueza? Pues fue a los bifes: anuló lisa y llanamente todo el campeonato (que ya había terminado, con campeones y todo), decretándolo inconstitucional. En efecto, el artículo 14 de la Constitución estipula que "todos los habitantes de la Nación" (es decir, sin discriminar por nacionalidad) gozan de determinados derechos, y el artículo 20 establece que "los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano".

Al establecer que los participantes deben tener nacionalidad argentina, el reglamento del certamen incurrió en una violación de la Constitución.

Además, la jueza destacó que el tango tiene "trascendencia universal" desde que fue declarado Patrimonio Universal de la Humanidad por la Unesco en septiembre del 2009.

"Por lo tanto", dijo la jueza, "cabe preguntarse si acaso los goles de (Lionel) Messi en Barcelona quitan españolidad al equipo de fútbol en cuestión o bien, el American Ballet Theatre deja de ser menos estadounidense porque en él brilla como primera bailarina nuestra Paloma Herrera" (y Herman Cornejo, y en su tiempo Julio Bocca, agregaría yo...).

No sé si el Gobierno de la Ciudad ya apeló el fallo. Supongo que lo hará, y no sé qué pasará luego. Pero ésos son los hechos, por ahora.

¿Qué es lo que pienso yo? Esto irá en otra entrada...

martes, 29 de marzo de 2011

La parte del varón

Soy de las que creen, con reservas, que en el tango, la persona seguidora (en general la mujer), la tienen más fácil que la persona que lleva (en general, el varón).

Sí, hay que saber seguir, estar atenta a la sutileza de la marca, ser elegantes y musicales, tomar la iniciativa de hacer juegos de pies y piernas en un lapso de tiempo muy corto sin perturbar la marca de la persona que lleva.

Es cierto.

Pero la persona que lleva tiene que tener la mente en mil cosas distintas: la marca a la mujer. Sus propios movimientos. Su elegancia. La musicalidad. Pensar en cada segundo en qué va a hacer en el segundo siguiente, ya que todo se trata de improvisación. Cuidar que la mujer no se aburra. Y ser consciente también de lo que sucede en la pista, no chocar con las otras parejas, no adelantarse ni retrasarse, no cambiarse de carril...

El cerebro de las personas que llevan debe de estar a mil (digo "debe de estar" porque yo todavía no he tenido el coraje de ponerme a aprender a llevar y no he experimentado esa sensación).

Y hablo de "las personas que llevan" y no de "los varones", porque cada vez más mujeres llevan, y no solamente en ambientes queer.

Ahora bien, por lo general, los neófitos del tango se fijan sobre todo en lo que hace la mujer (o la persona que es llevada). Por muchas razones: porque en general la mujer es más visible (ropa colorida, tacos altos, maquillaje, peinado, etc.) mientras que el hombre está vestido de manera más discreta (trajes y zapatos oscuros). También, porque una de las funciones del que lleva es hacer lucir a la persona que es llevada.

Pero desde que empecé a mirar lo que hace el varón, he descubierto un mundo totalmente nuevo, que me ha dado ganas de vencer mi fiaca y empezar a aprender la parte del que lleva.

Les propongo entonces que, en este video de Gabriel Missé y Natalia Hills, en lugar de mirar a la mujer, miren lo que hace el varón, en particular los enrosques increiblemente complicados y hábiles mientras la mujer gira a su alrededor (por ejemplo, en el tiempo 1'20'', y luego en el tiempo 2'08''). Para hacerles entender el grado de dificultad de la cosa, les recuerdo que al mismo tiempo en que hace esos enrosques de piernas, tiene que marcar a la mujer, con el torso, que ella tiene que girar. Una disociación total y absoluta del cuerpo.



¿Por qué entonces, en mi primera frase, dije que creía que la mujer la tiene más fácil, pero "con reservas"?

Bueno, miren ahora este video de Alejandra Mantiñán y Demián García, y vean cómo todo es cuestión de diálogo y de estar a la escucha de la otra persona. Estamos hablando aquí de improvisación pura, algo no ensayado: se enteraron pocas horas antes de la exhibición de que iban a bailar juntos.

Del tiempo 1'59'' a 2'04'', ella toma una iniciativa de marcar unos ganchos entre las piernas de él y de hacer pasos que claramente no están marcados por él. Él, al ver que ella no tiene intención inmediata de salir de esa posición, no se mueve más, no le marca nada, y espera que ella desarrolle su creatividad, hasta el fin de la frase musical.



Por eso no está tan claro eso de que la persona llevada tenga la parte más fácil. Saber usar esos espacios, proponer, dialogar, también es todo un arte.

martes, 1 de marzo de 2011

La violencia de género, también en el tango

El tango es sensualidad. El tango es suavidad. El tango es elegancia. El tango es seducción.

Sí.

Bueno.

Pero el tango está inmerso en una sociedad profundamente machista, y no se salva. Amén de que el tango es particularmente machista (mujeres muy producidas que siguen las órdenes de un varón muy viril), tampoco se salva de los peores aspectos del machismo: la violencia de género.

¿Se imaginan a un bailarín de tango golpeador, abusador?

Pues los hay. Y muchos. Y como en el resto de la sociedad, muy pocas mujeres se atreven a denunciarlos. ¿Por qué?

Pues por lo de siempre: primero, porque antes de golpearlas, los varones golpeadores hicieron un excelente trabajo psicológico.

"A mí X. me había sometido psicológicamente primero, me había alejado de todos mis amigos, me hacía sentir que sin él no era nada, que le debía todo. Y es cierto que con él aprendí a ser la bailarina que soy, eso lo reconozco, pero no por eso me tenía que anular como persona", relata la bailarina Tamara Bisceglia, que hace tres años, tuvo la valentía de exponer sus heridas en fotos que dieron la vuelta al mundo del tango.

X. (prefiero no divulgar nombres para no calumniar, pues ante la ley, todos somos inocentes antes de que se demuestre lo contrario) es un afamado y reconocido bailarín internacional, que fue protagonista de varios espectáculos como Tango Argentino o Tango Pasión.

Por supuesto, está la amenaza profesional: denunciar a un bailarín de la talla de X. podía significar un peligro muy grande para su carrera, si no le creían. De hecho, X. se lo decía constantemente: "Si me denunciás, nunca más vas a conseguir un trabajo en el tango".

Hoy en día, Tamara Bisceglia forma parte del elenco de Forever Tango, uno de los shows de tango más exitosos del planeta.

Luego de que Tamara tuvo la extrema valentía de ignorar sus amenazas y denunciarlo públicamente y ante la justicia, una antigua partenaire de X. se acercó a ella para felicitarle, y expresar su arrepentimiento: "Si yo lo hubiera denunciado", le dijo a Tamara, "esto no te habría pasado a vos".

En estos últimos días, le tocó a otra bailarina, Mayte Valdes, denunciar los malos tratos sufridos durante mucho tiempo, cuando bailaba con otro afamado bailarín de escenario, Z.

"En este momento se encuentra trabajando en el mundo del Arte el talentoso y afamado bailarin Z., alguien enfermo, que tiene por costumbre maltratar y torturar física y psicológicamente a muchas de las mujeres que se cruzan en su vida, una costilla rota, un pie fisurado, un diente partido y el último diagnóstico de mi médico personal: una deformación en el cuello producido por ahorcamiento pueden dar fe de todos esos malos tratos", escribió en su perfil de Facebook, en una nota pública que se está difundiendo en el mundo del tango en estos momentos.

"Fui testigo también de muchas situaciones en las que maltrató a sus ocasionales compañeras de trabajo; en el black out después de cada tema en el escenario, o dejándolas caer en cada truco para después poner su agria sonrisa al tiempo que ofrecía su gentil mano para levantarlas", escribe. "Realmente me resulta triste ver cómo la gente se deja seducir por una bestia disfrazada de cordero y los sigue albergando en la sociedad".

Ojalá otras mujeres víctimas de este tipo de violencia se sientan animadas por estos ejemplos y, como ellas, tengan la valentía de denunciar a sus verdugos, para acabar de una vez por todas con la impunidad de la que gozan estas personas.

Edit: una fiel lectora de este blog, a la que aprovecho para saludar porque sé que siempre me tiene presente y no deja nunca de seguir lo que escribo, me señala muy amablemente que Mayte Valdes era pareja en la vida de Z., pero no en el baile. Gracias por esta aclaración.
.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Frases de la milonga #2

El otro día fui con mi hermana a una milonga. Mi hermana no baila tango. Me acompañó porque es buena y necesitaba que alguien me llevara en auto porque quedaba lejos. Así que se la bancó, me acompañó, se quedó sentadita toda la noche mirando a las parejas bailar y no dijo ni mú.

Ella estaba convencida de que la sacarían siempre, y temía tener que pasarse la velada explicando "no, disculpas, no bailo tango".

Pero extrañamente, nadie la sacó.

Al principio se preguntaba qué pasaba, si tenía mocos en la cara o qué, y finalmente entendió: se pasó la noche con sus botas puestas. No se cambió los zapatos. No se puso zapatos de tango. Ergo: no bailaba y era inútil sacarla.

Tanto quejarse, tanto quejarse, pero al final ¡se quedó super frustrada de que no la sacara nadie!

Y sí: muchas veces, tanto hombres como mujeres no fijamos primero en el calzado. Me incluyo. Cuántas veces he explicado: 
"Me vino a sacar pero como estaba en zapatillas le dije que no".
Principiantes, ya saben: incrementarán su posibilidad de ser aceptado/sacada si tienen puesto el calzado adecuado.
.

lunes, 8 de noviembre de 2010

A los codazos

Antiguamente, en las milongas, a quienes no respetaban los códigos de la milonga, se adelantaban, golpeaban a otras parejas o tenían un comportamiento inadecuado, directamente se los sacaba a codazos de la pista.

Así, sin más: los hombres que rodeaban a los indeseables los iban arrinconando y empujando a codazos, mientras bailaban como si nada.

Pues no se crean que esa época terminó.

Principiantes, jóvenes, bailarines con cara de extranjeros, hay algo que tienen que saber.

En muchas milongas tradicionales, hay que pagar derecho de piso. ¿Qué significa eso? Que si no muestran humildad al llegar, si no respetan el cabeceo, si sacan a mujeres acompañadas, si no respetan a rajatablas los códigos de la pista, corren el riesgo de recibir codazos y terminar fuera de ella.

No lo digo porque me lo contaron. Yo lo he vivido.

Había ido a conocer La Milonguita. Se trata de una milonga relativamente nueva (arrancó en 2003), pero cuya ambientación es de una milonga tradicional. Un lugar muy lindo, pista amplia, buena música. Me gustó enseguida. Su organizadora, Graciela López (de quien he citado un texto en este blog), ha sabido crear una milonga muy agradable y llena de vida en un barrio (Colegiales) en el que no existen muchos otros lugares (si exceptuamos todos los del Palermo lindante).

Problema: la persona que me acompañaba tenía cara de extranjero, y éramos los dos jóvenes (¡o relativamente, en mi caso!) y desconocidos. Apenas entramos, tuve la sensación que "nos miraban".  Lo puse en la cuenta de mi paranoia y nos dedicamos a sentarnos atrás de todo, tomar un café y mirar la pista.

Al cabo de media hora, nos atrevimos a bailar. Hay que reconocer que el hombre que estaba conmigo nunca se destacó por respetar los códigos de la pista. Pero también, que esa noche hizo esfuerzos, tratando de ser lo más discreto posible, de seguir el ritmo de la pista, bailar al piso, sin grandes gestos, sin adelantarse, sin tocar a nadie. 

Pues bien, uno de los hombres que me parecía que nos había "mirado" al entrar empezó a intentarnos correr de la pista a codazos. Un golpecito por aquí, otro golpecito por allá... Rápidamente me di cuenta de que ya no era paranoia mía: realmente nos estaban echando.

Doy fe también de que en otras milongas tradicionales como Club Gricel, hay que pagar un derecho de piso muy alto para ser aceptado en la pista.

Alguna gente se alegra de que existan lugares en los que todavía se conservan las tradiciones como en un joyero de terciopelo, como recuerdo de una cultura y unos modales que ya sólo existen en pocos espacios reservados. Otros se espantan ante tanta intolerancia.

Creo que en eso, los extranjeros que nos visitan también están divididos: a algunos les encanta entrar en esos lugares que son como museos en carne viva y ver con sus propios ojos cómo eran las milongas "de antes". Otros consideran que esas actitudes son las que alejaron a los jóvenes del tango, y se vuelcan al tango nuevo.

Yo creo que como en todo se puede hallar un término medio, y francamente, no creo que esos lugares dañan a nadie. Simplemente, es imprescindible estar advertido y saber que esas cosas pueden ocurrir y aprender a respetar las reglas y a valorar la experiencia de los más experimentados, para no salir escandalizado y no decidir no volver a pisar nunca más una milonga.

Foto: La Milonguita

La Milonguita
Jorge Newberry 2818 - Colegiales
Tel: 4771 8827
Viernes de 22h30 a 3h
Domingos de 20h a 2h
Organiza Graciela H. López
Cómo llegar: colectivos 39(ramal 2)-168(cartel amarillo)-41-42-60-63-67-98-152-161-194. Subte D, estación Olleros. Tren Ferrocarril Mitre, estación Colegiales

viernes, 6 de agosto de 2010

No se baila con los brazos

Para los que no saben nada de tango, o para los que creen saber y en realidad no saben gran cosa: varones y líderes, no se guía con las manos o los brazos, sino con el torso. Hagan lo que hagan, una bailarina o la persona seguidora seguirá su torso. No lo que puedan hacer con sus manos.

¿Cómo se hace para guiar con el torso? Bueno, para eso están las clases...

Un claro ejemplo de lo que digo se ve en el video siguiente. Es bailado por Maximiliano Cristiani y Belén Bartolomé. Ese día, Maximiliano tenía una triple fractura de codo, no me acuerdo en qué huesos exactamente, pero el tema es que tenía el brazo inmovilizado. Pues no se inmutó y se presentó igual en la Milonga del Morán, con una dexteridad que, podrán apreciar, no fue para nada afectada por su discapacidad momentánea.

Un ejemplo de constancia, fuerza de voluntad y habilidad. Después de eso, ¡nadie podrá decir que no se puede bailar sin los brazos!

jueves, 15 de julio de 2010

Tango Queer, milonga gay

Hoy, 15 de julio de 2010, el Senado convirtió a Argentina en el primer país latinoamericano en permitir el casamiento entre personas del mismo sexo. Para festejar esta gran noticia, publico hoy esta entrada que iba a publicar un poco más tarde.



Primer postulado: el ambiente del tango, así como la sociedad argentina, son machistas.

¿Por qué? Bueno, ya lo expliqué en otra entrada. Básicamente, el hecho de que se trate de un varón que decide, guía, ordena, y de una mujer que se deja llevar y no tiene prácticamente ninguna iniciativa (excepto cuando el varón tiene la inmensa bondad de dejarle dos segundos de libertad) se adecua bastante con el concepto de machismo.

Segundo postulado: el tango es cuestión de conexión entre dos personas, de sentimiento, de contacto, de seducción.

Creo que estamos todos de acuerdo.

Tercer postulado: excepto para algunas personas retrógradas e incorregiblemente machistas y homofóbicas, sabemos que la conexión, el sentimiento, el contacto, la seducción, se pueden dar perfectamente entre dos personas del mismo sexo.

Conclusión: como el ambiente del tango es machista, algunas personas que no se identificaban con ese machismo pero sí querían bailar tango sin que los echaran a codazos de la pista (como ocurre en muchas milongas tradicionales, cuando no les piden lisa y llanamiente retirarse) han decidido abrir sus propios lugares de baile, en los que hombres pueden bailar con hombres, mujeres con mujeres, o se pueden intercambiar los roles sin herir la susceptibilidad de nadie.

Claro que esto tiene más que ver con un apartheid que con otra cosa. Lo ideal sería la tolerancia y la aceptación mutuas. Creo que faltan unos cuantos siglos para que esto suceda. Hay que ver las dificultades que hay para que la sociedad acepte el matrimonio de personas del mismo sexo.

En fin, de lo que quería hablar en esta entrada es del tango queer y de las milongas gays. Como resultado de la intolerancia, gays, lesbianas, trans, travestis, etc., buscaron lugares en los que podían, como cualquier otra persona, disfrutar de la conexión, el sentimiento, el contacto y la seducción del tango. Y así surgieron espacios llamados "milongas gays", como es el caso de La Marshàll, abierta en 2002, y que funciona los miércoles y los sábados.

La Marshàll, con acento tónico en la segunda A. Sus organizadores, Augusto Balizano, Roxana Gargano y Edgardo Gargano, se cansaron de que la gente lo pronunciaran con acento tónico en la primera A, cuando ellos pusieron el nombre para honrar a la actriz Niní Marshall, así que agregaron la tilde en la segunda A en el logo oficial.

Detalle anecdótico pero que a mí me parece divertido: el musicalizador de ese peculiar y moderna milonga, Mario Orlando, es también el DJ de la hiper tradicional milonga Sunderland. Y, otro detalle, en el mismo lugar, Maipú 444, pero los sábados, funciona una milonga "a la antigua", Cachirulo, en la que prevalece el cabeceo, y en la que las mujeres solteras están ubicadas en un costado de la pista, y los hombres solteros, enfrente.

Si bien es la milonga gay friendly más conocida de Buenos Aires, La Marshàll no es el único lugar de tango queer (queer: en inglés, "raro", "extraño", "excéntrico"... el término fue utilizado tradicionalmente para nombrar a la comunidad gay, lesbiana, transexual, travesti y transgénero de manera peyorativa, y fue retomado a principios de la década de los noventa en Estados Unidos por la misma comunidad para resignificarlo).

Se puede citar precisamente Tango Queer, creado en 2005 por Mariana Docampo. "En un principio Tango Queer fue una clase de tango seguida de una práctica en el bar Simón en su Laberinto de San Telmo y otra clase y práctica semanal dictada por Mariana en Casa Brandon. En el año 2007 se abrió la Milonga Tango Queer que sigue funcionando actualmente cada martes en Buenos Aires Club", se explica en su sitio.

La milonga, que tiene lugar los martes, "está abierta a todo el mundo", precisan, excluyendo así cualquier tipo de comunitarismo. "Se baila tango eligiendo libremente la pareja y el rol que se desea ocupar al bailar".

Sus organizadores también instituyeron un Festival Internacional de Tango Queer.

Les dejo la última palabra, para explicar mejor que yo el concepto de tango queer:
Podemos decir que si algo tiene representación simbólica, existe. Solo entonces se hace reconocible para una sociedad. El tango es una danza popular, y como tal, funciona como espejo de la sociedad de la cual surge y en la cual se desarrolla. En este caso, la sociedad porteña. Pero el tango también es una danza de fuerte connotación sensual.

Por eso, vale pensar que lo que este “espejo” refleja es la forma en que nuestra sociedad concibe el erotismo entre sus integrantes: en primer lugar, hombre-mujer. Luego, activo-pasiva. Dos roles bien claros, definidos. Este binomio simplifica notablemente la compleja red erótica que existe entre los individuos, y que si bien representa a una mayoría identificable en la sociedad, instituye una forma de sentir “admitida”, condiciona y censura formas de sentir diferentes. Se fija como modelo. Y afuera de este modelo quedan todos aquellos cuyo sentir es distinto.

Así pues, en esta representación social, que podemos definir, considerando su fuerza simbólica, como una “fórmula del sentir erótico”, no están representadas las lesbianas, los gays, los bisexuales, los transgéneros. Ni tampoco las mujeres y hombres heterosexuales que pudieran concebir su erotismo de manera distinta.

El intento por homogeneizar, estetizar y “normalizar” las formas del baile y los ambientes en los que ésta se desarrolla va en contra de la permanente improvisación y movimiento que constituyen la dinámica tanguera, la cual pugna permanentemente por formas que vayan adaptándose a los cambios culturales y sociales de quienes forman parte de ella.

Es éste el contexto que propicia el nacimiento y crecimiento de un espacio como Tango Queer.

La Marshàll
Maipú 444 - Los miércoles a las 22hs
Rivadavia 1392 - Los sábados a las 22hs
Tel: 4300-3487 / 15 5458 3423
Organizan Augusto Balizano y Roxana Gargano
Contacto: milongalamarshall@yahoo.com.ar

Tango Queer
Perú 571, San Telmo
Los martes de 20h30 a 02h00 (clases a cargo de Mariana Docampo y Soledad Nani)
Belgrano 2259 - Los jueves de 19 a 21 hs
Tel: 15 3252 6894
Organiza Mariana Docampo
Cómo llegar:  Colectivos 2, 6, 17, 23, 39, 59, 60, 67, 91, 96, 98, 100, 102, 103, 168. Subte: Linea C - Estación Moreno y Linea A - Estación Belgrano
Contacto: contacto@tangoqueer.com, mariana@tangoqueer.com

sábado, 10 de octubre de 2009

La milonga y el sexo

El otro día leí una nota de la agencia EFE que decía que además de reducir el estrés, el tango eleva la líbido y el placer sexual.

En un estudio realizado en la Universidad de Frankfurt, una psicóloga colombiana, Cynthia Quiroga, asegura, después de analizar muestras de saliva de 22 parejas de bailarines de tango, que la reducción de la hormona del estrés se consigue principalmente a través de la música mientras que la subida de la testosterona es producto del baile y del contacto con el compañero.

Muchas veces mis amigos no-tangueriles me preguntan qué onda con los muchachos después de bailar torso contra torso. "No me digas que no pasa nunca nada, que solamente se va a bailar", me dicen.

Bueno, pues no. No se va solamente a bailar, obvio. Es más. La milonga es un gran quilombo. Y con esta palabra me quedo corta. Lo que se vive ahí adentro es bastante particular. No sé si se puede ir a la milonga sólo para bailar tango.

Para hombres y mujeres, es muy fácil, en ese ambiente, histeriquear, seducir, levantar, ir a "desayunar" con alguien (un clásico) y darse cuenta, un buen día, de que todas las conquistas son del mismo lugar.

Y puede llegar a ser al punto de irse con una persona distinta cada noche. Claro que las mujeres lo hacen de manera un poco más discreta, por el eterno machismo que hace de los hombres que se acuestan con muchas mujeres unos winner totales, y de las mujeres que se acuestan con muchos hombres unas atorrantas sinvergüenza.

Pero al final, es lo mismo: en la milonga, en todo caso en las milongas jóvenes (¿será lo mismo en las milongas pobladas en su mayoría por seniors?), todos y todas se acuestan con todos y todas. Al final, pasamos a ser una gran familia...

Y también, es entendible. Estar 15 minutos contra el cuerpo de alguien puede llegar a ser muy turbador. Si la otra persona no nos atrae en lo más mínimo, no pasa nada. Es más, nos desagradará "sentir" que a la otra persona sí le pasa algo, sobre todo si ese "sentir" es textual (mujeres, ¿nunca les pasó de "sentir" que su pareja se entusiasmó demasiado con el baile?).

Pero si nuestra pareja de baile nos atrae, y si esa atracción es recíproca, cuidadito que la pista se puede incendiar.

Después de la tanda, hay dos posibilidades: o la pareja termina en la cama, lisa y llanamente, o la excitación no pasa de eso, un momento de calentura agradable (y el histeriqueo puede durar meses, y puede terminar en nada).

Sabiendo todo eso, y sabiendo que todos y todas saben todo eso, ¿es posible que se armen parejas duraderas en la milonga?

Pues sí. Conozco, y varias. Quien suscribe es fiel testigo de que es posible.

Es difícil manejar el tema de los celos, por supuesto. Por lo general, las parejas "normales", digo, las que no bailan tango, no tienen que soportar varias veces por noche el espectáculo aterrador de sus parejas pegadas a sus ex con sus piernas entrelazadas, rostro contra rostro, respiración contra respiración (sí, sí, aterrador, traten de imaginarlo dos minutos y después me cuentan).

Pero con respeto mutuo, amor, cariño, confianza y muuucha comunicación dentro de la pareja, se puede sobrevivir a esta cruel experiencia.

Pregunta lógica: ¿es posible bailar con alguien de manera sensual, y hasta sexual, pero no sentirse atraído/a por esta persona fuera de la pista y que no pase absolutamente nada entre los dos una vez que se rompe el abrazo?

Nuevamente, sí. Es más, los hombres con los que más me gusta bailar, con los que me siento más a gusto en la pista, con los que más disfruto, son también, notablemente, hombres que no me atraen en lo más mínimo y con los que nunca ha pasado absolutamente nada.

Yo calculo que el estudio ése del que hablo arriba se hizo con parejas de baile que también son parejas en la vida, porque francamente, y menos mal, ¡uno/a no se calienta con cada persona con la que baila! Y ojo, también puede pasar que uno/a esté muy enamorado/a, pero no le guste bailar con su pareja.

Así que en la pista, todas las combinaciones son posibles, no está nada escrito, y no se puede sacar absolutamente ninguna conclusión viendo a dos personas bailar. Pueden ser dos amigos, dos amantes, dos desconocidos, es más, también pueden ser dos personas que se odian pero que, en la pista, sacan chispas.

Para resumir: sí, el tango elevará el deseo sexual en algunas situaciones y con alguna gente, pero esto no significa absolutamente nada. Así que a no sacar conclusiones apresuradas, que tampoco somos animales, che...

Dibujo: Copyright Julie Turconi
.

viernes, 8 de mayo de 2009

Práctica vs. Milonga

Algunas veces mis amigos no-tangueros me preguntaron la diferencia entre una práctica y una milonga.

En efecto, existen al menos dos tipos de manera de ir a bailar tango, y las voy a resumir aquí. Ojo, voy a ser bastante esquemática. Milongueras y milongueros, sepan disculpar, pero me dirijo sobre todo a las personas que no forman parte del mundo tangueril. Si quieren añadir algo, claro que lo pueden hacer dejando un comentario (y por favor háganlo, nada mejor que compartir experiencias, vivencias y puntos de vista).

Entonces, vistas de afuera y de lejos, la práctica y la milonga son lo mismo: muchas personas que se juntan para bailar tango en un salón especialmente dedicado a eso.

Pero si nos acercamos un poco, podemos ver las diferencias.

La práctica:

Se trata de un lugar en el que se pasa música de tango, por lo general de manera continuada, sin tandas y sin cortinas (aunque en algunos lugares sí se hace), adonde la gente va a bailar, como el nombre lo indica, a modo de práctica, es decir, de entrenamiento.

Hay prácticas guiadas, supervisadas por uno o varios profesores que tiran ideas de pasos, corrigen, sugieren. Esto siempre se hizo, y de hecho recomiendo enfáticamente la Práctica a la Antigua de Gabriel Missé y Diego Mohammad, los martes por la noche.

Y también hay prácticas a secas, en las que la gente simplemente va a bailar un rato, con su pareja o no. Raras veces hay mesas, a lo sumo sillas alrededor de la pista, tal vez un bar para tomar algo y nada más.

La milonga:

Es, ante todo, un acontecimiento social. Un lugar al que uno va a encontrarse con gente, comer o tomar algo, y entre charla y charla, bailar alguna tanda. Es un lugar de reunión, de sociabilización. La meta no es bailar lo más posible, como en la práctica, donde el único objetivo es ése, bailar, sino pasar un buen rato.

La realidad es que hoy en día, entre los principiantes más que nada y la nueva generación del tango, mucha gente va a las milongas como a las prácticas. Me incluyo, en mis primeros años tangueriles, en los que nadie me había enseñado esas sutiles diferencias, nadie me había explicado la esencia de la milonga. Lo descubrí poco a poco, cuando el tango dejó de ser, también para mí, una mera actividad deportiva o artística para pasar a ser un evento social.

Un documental que lo explica muy bien es Milonga, el abrazo del tango, de Mafalda Trotta.

Hoy día, ya no voy a la milonga a bailar. Voy a la milonga a reunirme con mis amigos, a pasar un buen rato, y ese buen rato incluye bailar tandas con gente seleccionada, en momentos privilegiados, las que más me gustan o me inspiran en ese momento. Ya no bailo frenéticamente, como si de mi vida dependiera que me baile todas las tandas, como sí me sucedió al principio, y durante casi tres años.

De esa manera distinta de abordar el tango viene la diferencia entre un bailarín y un milonguero, creo yo. El bailarín enfoca el tango como una actividad física, artística, creativa. El milonguero lo vive. Aunque claro, se pueden ser las dos cosas, y los ejemplos sobran. Menos mal.
.

miércoles, 13 de agosto de 2008

De Pugliese, D'Arienzo o Caló

De qué hablamos los que bailamos tango cuando decimos: Me bailé un D'Arienzo buenísimo o Yo prefiero la tanda de Caló-Berón"?

Como expliqué en la entrada sobre los códigos, en general en las milongas se ponen tandas de tres, cuatro, o hasta seis tangos (como en La Viruta), todos de una misma orquesta. Cuando hablamos de D'Arienzo o Caló, hablamos de las orquestas, no de los que compusieron la letra o la música del tango.

Y por lo general, el nombre es doble: mencionamos la orquesta y el cantor. Un Caló-Berón no es lo mismo que un Caló-Podestá, o un D'Arienzo-Echagüe que un D'Arienzo-Mauré. Son épocas distintas, tal vez maneras distintas de tocar.

Cada orquesta tiene su estilo, más picado o más melodioso, según las épocas y las modas. En general hasta 1935, es un tiempo muy marcado pero lento, como la orquesta de Francisco Canaro, que podemos apreciar aquí en Suerte loca:

Luego aparece Juan D'Arienzo, el "Rey del Compás", que con el pianista Rodolfo Biaggi marca un giro rotundo en el estilo del tango, a tal punto que impuso la moda a todas las otras orquestas del momento: mucho más picado y rápido. Juan D'Arienzo grabó más de mil temas entre 1926 y 1975. Llevó el ritmo a niveles vertiginosos hasta el año 1939 más o menos, tras lo cual se mantiene unos años y luego empieza a decaer. Vendió dos millones de copias de su versión de La Cumparsita, algo inédito para la época. Donde tocaba él estaba asegurada la concurrencia de miles de seguidores.

D'Arienzo marcó tanto el tango y la forma de bailarlo que hoy día sigue objeto de debates, acerca de si su orquesta sonaba mejor con Rodolfo Biaggi o Fulvio Salamanca en el piano, si es mejor la época 1935-1939 o las épocas posteriores, o si era un demagogo...

Un ejemplo de la colaboración entre D'Arienzo y Alberto Echagüe, que data de 1951, , donde se usa muchísimo lunfardo (pueden consultar la letra aquí):

En la década de los cuarenta, el ritmo se vuelve más melodioso y la letra más romántica, sobre todo cuando en 1943 el régimen de facto del general Pedro Ramírez prohíbe el uso del lunfardo. En 1942, cuando Miguel Caló graba Qué te importa que te llore con Raúl Berón (que durante mucho tiempo fue mi tango preferido), todavía se nota la influencia del picadito, pero con el violín melódico que se mete atrás:

Con Carlos Di Sarli, "El Tuerto" (llamado así porque le faltaba un ojo después de un intento de suicidio), llegamos a una estructura armónica única, como podemos apreciar en esta grabación de Bahía Blanca de 1957 o 1958:

Luego vinieron los más innovadores, particularmente Osvaldo Pugliese, cuyo estilo vanguardista se anticipó al de Astor Piazzolla. Cuando aparece Pugliese, los más tradicionalistas decretan que lo que toca no es tango. Lo mismo sucedió años más tarde con Piazzolla. Acá un ejemplo con Pata Ancha:

Entonces, algunos bailarines bailan mejor el estilo milonguero de un D'Arienzo, otros prefieren delirar sobre un Pugliese, otros elegirán un estilo más puro de tango salón con un Di Sarli...

Y eso es de lo que hablamos cuando mencionamos las famosas "tandas".

viernes, 1 de agosto de 2008

El tango explicado a mis padres

¿Qué es el tango? La pregunta se escucha periódicamente, desde sus inicios. Cada generación ha visto cómo nacían nuevas formas de tango, y cada vez hubo gente para decretar: "Esto no es tango".

Lo que existen son diversas formas de bailarlo según las épocas y sobre todo, según los estilos musicales (los cuales, de hecho, tampoco se salvan del famoso "Esto no es tango", desde Osvaldo Pugliese hasta el tango electrónico pasando por Astor Piazzolla).

¿Quién puede decidir qué estilo de qué época es o no es tango? Yo tengo mi propia visión al respecto, que desarrollaré en otra entrada. Por ahora me limitaré a describir, de la manera más desencarnada posible, algunos de los estilos del tango como danza, que divido en cinco categorías (en otra entrada también hablaré de los estilos musicales):

Tango canyengue:

Es el abuelito del tango. Su origen se remonta a 1900. La pareja está totalmente apilada, el cuerpo de cada uno volcado sobre el otro, y se bailan todos los tiempos musicales con movimientos cortados, que siguen el ritmo del 4x8 (por lo general, con las orquestas de Francisco Canaro o la actual Tubatango). La pareja mira hacia la misma dirección y muchas veces se lo baila con la mano en la cintura del hombre, y no hacia arriba. Es un estilo picaresco y divertido. Aquí vemos a Roxina Villegas y Adrian Griffero, socios fundadores del Movimiento Cultural Canyengue Argentino:




Tango milonguero
:

El tango canyengue dio nacimiento al tango milonguero. La pareja sigue apilada, aunque ya no se comparte el mismo eje ni se mira en la misma dirección, y se sigue pisando cada tiempo. El abrazo sigue cerrado, sin abrirse nunca, no se modifica ni siquiera para una figura. Los torsos están permanentemente en contacto. Ese estilo se bailaba más en los bailes del centro de Buenos Aires. Aquí vemos a Ana María Schapira y Osvaldo Centeno en Ya lo ves, por la orquesta del "rey del compás" Juan D'Arienzo, ídolo máximo de los amantes del tango milonguero:




Tango salón
:

Como lo expliqué en la entrada sobre la milonga Sunderland, el tango salón se desarrolló sobre todo en la década de los cuarenta, cuando surge una música más melódica y romántica (de la mano de la prohibición del lunfardo en 1943). En tango salón lo que prima es la elegancia, la suavidad. Los pies acarician el suelo y no se pisan todos los tiempos: hay pausas, pasos más largos. Se permite aflojar un poco el abrazo para realizar figuras como los giros, aunque nunca se llega a romper.
De la nueva generación, uno de mis bailarines favoritos es Sebastián Achaval. Tiene 28 años y ganó el Campeonato Mundial en el 2005. Aquí baila Café Domínguez, por la orquesta de Angel D'Agostino, con su compañera Roxana Suárez:




Tango escenario
:

En la década de los setenta, Juan Carlos Copes y María Nieves primero, Miguel Angel Zotto y Milena Plebs luego, llevaron el tango al escenario. Allí era necesario realizar figuras mucho más vistosas. Nacieron los ganchos, los saltos, las levantadas, las soltadas. El tango escenario, a diferencia de todos los otros estilos que se distinguen por la improvisación, es completamente coreografiado. Se puede bailar a la perfección una coreografía de tango escenario y no saber "bailar tango", es decir, tango improvisado. El bailarín clásico Julio Bocca es un excelente ejemplo de ello: en un escenario es capaz de las más acrobáticas figuras, pero en medio de la pista de una milonga, estaría completamente perdido.
Los espectáculos como Tango Argentino, montado en Broadway en 1983 por Claudio Segovia, Tango Pasión, Tangox2, Forever Tango, Tanguera, son de tango escenario. Todos triunfaron primero en el exterior. En Argentina eran recibidos con bastante frialdad hasta que finalmente fueron reconocidos también en su país (algo recurrente en la historia del tango, que tuvo que ser reconocido primero en París en la década de los veinte para adquirir sus letras de nobleza y pasar de ser, en Argentina, una danza arrabalera a una danza de salón).
Aquí vemos una hermosa milonga extraída del espectáculo Tango Pasión, La Luciérnaga, magistralmente interpretada por el Sexteto Mayor y bailada por Alejandra Mantiñan y Gustavo Russo en 1997 en el Théâtre des Champs Elysées de París.

(para los neófitos: la milonga, además de ser el lugar en el que se baila tango, es un género musical emparentado con el tango, pero con otro ritmo, más "cuadrado", mucho más alegre, y con orígenes afrocubanos como la habanera)




Tango nuevo
:

Nace a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa. Se considera que el "padre" del tango nuevo es Gustavo Naveira, aunque él lo niega y dice que no existe un estilo nuevo, sino que simplemente el tango ha crecido técnicamente.
Nuevamente, y aunque sus "fundadores" son argentinos, el tango nuevo se popularizó sobre todo en el extranjero, donde la gente quedó impactada por los espectáculos de tango escenario. Se empezaron entonces a fusionar diversas danzas con el tango: danza moderna, contemporánea, contact improvisation e incluso artes marciales.
En este caso creo que se puede decir que el estilo de baile antecedió al estilo de música: como explica Carlos Libedinsky, compositor e intérprete del disco Narcotango, el tango electrónico nació precisamente de la necesidad de crear una música acorde a lo que se estaba bailando cada vez más en las milongas europeas: "Llegó un momento en que hubo un cambio en la forma de bailar, pero no en la música", considera. "El tango electrónico permitió acompañar estos nuevos movimientos". Así, por ejemplo, surgió Gotan Project en Francia o Bajo Fondo Tango Club en Argentina.
Uno de los que personifican el tango nuevo es sin dudas Mariano "Chicho" Frúmboli, alumno de Gustavo Naveira, y quien vivió durante muchos años en París, donde bailaba principalmente con Eugenia Parrilla. Juntos formaban una extraña pero deslumbrante pareja, él de imponente estatura, firmemente anclado al piso, y ella delgada y etérea.
Hoy día, Chicho, nuevamente radicado en Buenos Aires, baila con la maravillosa Juana Sepúlveda y juntos recorren el mundo dictando clases y haciendo exhibiciones. Aquí los ven en Ave María de Astor Piazzolla. No se olviden de que todo está improvisado. De hecho ese tema lo bailaron muchísimas veces, y en You Tube nunca lo verán interpretado dos veces de la misma manera:





Nota: el Campeonato Mundial de Tango, cuya sexta edición comienza el 24 de agosto próximo, se divide en dos categorías: Tango Salón y Tango Escenario. Ambas, como ya comprenderán, muy distintas, dado que una es de improvisación (los participantes ni siquiera saben qué temas van a bailar, se enteran en el mismo momento en que pisan la pista) y otra es de coreografía preparada y ensayada con muchos meses de anticipación.
.

sábado, 28 de junio de 2008

Las 1001 razones por las que las mujeres decimos que no

Attenti, gente que todavía no milonguea, ésto pronto lo vivirán ustedes también si se prenden al mundo del tango...

¿Qué hombre no ha sido, al menos alguna vez, rechazado a la hora de sacar a bailar a una mujer?

Son situaciones incómodas para ambos. Para el hombre, recibir ese "no", por más que venga acompañado por una sonrisa y un "gracias", es como una bofetada. Para la mujer, también es un momento de tensión desagradable. Situación evitada por el cabeceo, por supuesto. Pero estamos hablando de esas milongas en las que no se usa el cabeceo.

¿Pero por qué las mujeres decimos que no? En general, los hombres deducen dos cosas:

  • no le gusta como bailo
  • es una agrandada

En realidad, las razones pueden ser mucho más complejas y múltiples (aunque también pueden ser ésas, claro). Aquí van algunas (lista no exhaustiva):

  1. La mujer acaba de bailar una tanda de milonga o de lo que sea que la cansó. De Gavito si estuviera vivo para abajo, es probable que le diga que "no" a cualquiera que la saque en ese momento. Claro que siempre pasa la situación en que una mujer le dice que "no" a alguien porque está realmente cansada, y dos segundos después, ese alguien la ve bailar en la pista con otro. "¿Cómo? ¿No era que estaba cansada? ¡Me mintió!", pensara el pobre hombre rechazado.
    Es que hay una realidad: a algunos bailarines no se les puede decir que no. No quiero citar nombres, pero a esos bailarines re-grossos (o que una considera re-grossos, esas cosas son muy, pero muy relativas), si les decís que no, no te volverán a sacar nunca más en su vida. Y si ese hombre nos saca, por más que estemos muertas de cansancio nos levantaremos como de una silla eyectable y en un santiamén estaremos dando vueltas en la pista entre sus brazos, y encima con una sonrisa de oreja a oreja, bajo la mirada azorada del que un instante antes había sido rechazado.
    Es así. No hay vuelta que darle. Me ha sucedido muchas veces y volverá a suceder. Es una cuestión jerárquica. Si fuera común y corriente que las mujeres sacaran a bailar, yo sé que sería de las mujeres a las que un hombre diría que "no" con el argumento de que está cansado, pero que saldría a bailar con esa otra bailarina magnífica re-grossa sin el menor atisbo de vacilación y a pesar de estar extenuado. De hecho, como yo soy de las mujeres que sacan a bailar, me ha pasado, y más de una vez.
    Tenemos que conocer nuestros propios límites.
  2. Hace une hora que la mujer se ubicó estratégicamente cerca o en el ángulo de visión de ese bailarín con el que sueña bailar desde hace días/semanas/meses. Y está a punto de conseguirlo. Hubo algunas miradas, algunas señales de que ese bailarín está a punto de sacarla a bailar. Pero todavía no se definió nada. En eso viene Pirulo y le dice: "¿Bailás?". Si la mujer acepta, toda la estrategia elaborada durante una hora se le va al diablo. ¿Cómo explicárselo a ese hombre que con toda la buena voluntad del mundo la viene a sacar? ¿Cómo decirle: "Mirá, hace una hora que estoy esperando que me saque otro"? Más si el otro finalmente no la saca: humillación total. Para ella.
  3. A la mujer la acaban de pisar el pie con un taco aguja de 10 cm y lo tiene a la miseria. No, no siempre es una mentira. Allí volvemos a la situación del punto 1: a pesar de tener una herida profunda y sangrante, si viene el bailarín a sacarla, aquel al que no se puede decir que no, la mujer se olvidará inmediatamente de que se tiene que ir a aplicar urgentemente la antitetánica y saldrá con él a la pista con su mejor sonrisa y sin siquiera renguear aunque sea un poquito.
  4. A la mujer le gusta bailar con vos, pero no esa tanda. Vos con Pugliese la verdad que sos un tronco, te prefiere para un D'Arienzo. Fijate en qué estilo se siente más cómoda con vos: probablemente sea el estilo en que vos también te sientas más cómoda con ella.
  5. Tardaste algunas tandas en atreverte a sacarla porque no te animaste/bailaste con otras/lo que sea. Tandas que ella aprovechó para bailar con otros. Cuando llega el final de la noche y finalmente lograste juntar valor para sacarla, ella no solamente está exhausta, sino que encima está de mal humor porque no logró bailar con ese bailarín con el que soñó toda la noche con bailar, y encima quiere reservar sus últimas fuerzas por si finalmente ese bailarín se fija en ella. Lo más probable es que te rechace. Y es posible que dos minutos después, la veas bailar con ese bailarín y te vaya a dar una bronca fenomenal (también es posible que ella se quede con las ganas y la bronca porque no solamente ese bailarín no la sacó sino que además te dijo que no a vos).
    Consejo: sacala al principio de la noche, cuando todavía está fresquita y no está ahorrando energías para bailar con ese bailarín.
  6. Está charlando con sus amigas. El otro día me pasó: estaba conversando en una mesa, una de esas charlas de mujeres absolutamente ininterrumpibles (salvo por ese bailarín con el que soñamos bailar, obvio, y por nuestros amigos) y se acerca un hombre al que nunca había visto en mi vida para sacarme. Le dije lo más cordialmente que no, que estaba hablando, y se me quedó mirando como preguntando: "¿Y?" Y bueno, nada, estoy charlando, estás interrumpiendo. Con un amigo no pasa nada, pero con alguien que no conozco, me parece ligeramente desubicado.
  7. A lo mejor bailás como los dioses, pero es la primera vez que venís a esa milonga, o una de las primeras veces, o siempre venís pero ella es una distraída total y nunca se fijó en vos. Esa noche ya bailó con dos principiantes que le pisaron el pie y la chocaron con todo el mundo, no tiene ganas de volver a experimentar. Ella se lo pierde, pensarás. Es posible. Y quizás cuando te vea bailar con otra piense: "Nooooo.... Y yo le dije que no a ese chabóóón... Me quiero mataaaaar..." (típico...). Pero bueno, son cosas que pasan. Si para subsanar su error ella viene y te saca, siempre tendrás la posibilidad de vengarte y decirle que no a ella.
    (tssss.... feo feo lo que acabás de hacer, ¿cómo es eso de que te querés vengar?).
  8. Finalmente, volvemos al "no le gusta bailar con vos". Y sí, puede pasar. Puede que no bailes mal, puede que incluso bailes bien, pero que no tengas idea de cómo manejarte en la pista, que no respetes los códigos, y que la última vez que bailó con vos, terminó con una uña del dedo gordo del pie derecho arrancada, un pedazo de carne desgarrado por el boleo de una chica a la que te acercaste demasiado y un taco aguja clavado por el mismo motivo. En definitiva, no la cuidaste. Si te dice que no, es por defensa propia... Aprendé a respetar los códigos de la pista y volvé a invitarla.

Conclusión: hombres, ¡no (siempre) se ofendan cuando les decimos que no! Razones hay miles y no son siempre mentiras.

De hecho, probablemente me olvide de algunas otras razones por las que una chica puede rechazar a un hombre. Mujeres, si se acuerdan de otras, ¡por favor dejen un comentario!

Claro que los hombres también nos pueden criticar, no (siempre) somos perfectas...
.

jueves, 26 de junio de 2008

Mujer-mujer

Para aprender a bailar tango, tuve que aprender a disfrazarme de mujer. Hasta entonces yo era lo que los machistas llaman un marimacho.

Es decir que me vestía con ropa cómoda, no me maquillaba, no me pintaba las uñas, no usaba tacos altos, no tenía pelo largo, en fin, vivía cómodamente, como cualquier ser humano lo hace a diario (desafío a los hombres que aman a las mujeres producidas a que pasen un solo día en la piel de una de esas mujeres: que se depilen enteramente, cejas incluidas, que se maquillen, se tapen las ojeras, los granitos, que se pinten las uñas de rojo - sólo eso les llevará más o menos dos horas para que quede prolijo - que se pongan una minifalda y tacos de 9 cm, y que salgan a la calle con 2 grados bajo cero de sensación térmica... luego me dirán lo que prefieren).

En fin, un buen día empecé a tomar clases en La Viruta. Al principio, iba en jeans y zapatillas. Estuve así durante unos dos meses. Hasta que me di cuenta de que para pivotear en los ochos, era mejor suelas que no fueran de goma. Me empecé a poner zapatos.

Más tarde, me di cuenta de que casi siempre estaba con el peso sobre los dedos de los pies. Y me cansaba mucho. Y si me ponía tacos, me cansaba menos, porque a pesar de tener el peso hacia adelante, podía descansar sobre ellos. Me empecé a poner zapatos con tacos más altos. Eso sí, siempre con jeans.

Luego empecé a aprender figuras como ganchos y boleos, y me di cuenta de que los jeans ya no eran tan cómodos. Empecé a usar polleras.

Y así caí en la cuenta de que todas las noches, sin pensarlo demasiado, me ponía una pollera y tacos altos (la altura de mis tacos era relativa: empecé con tacos de 5 centímetros, que ya me parecían inmensos). Algo así como en la foto...

Y poco a poco, me empezó a divertir eso de disfrazarme de mujer-mujer, y decidí completar la panoplia y me empecé a pintar. Nada estrambótico, pero bastante revolucionario para mí.

Las miradas de los hombres de la milonga cambiaron por completo: de repente, me convertía en una presa interesante. Es maravilloso ver cómo la vestimenta, el eye-liner, los zapatos (que pronto alcanzaron la vertiginosa altura de 9 cm, como en esta última foto) (¿quién hubiera dicho, hace tan sólo dos años, que me llegaría algún día a exatasiar ante un par de zapatos?) y el lápiz labial pueden transformar radicalmente la mirada de la gente.

Eso sí: las primeras veces que mis amigos pre-tango me vieron así, se llevaron una sorpresa bastante grande. Ahora, pobres, están acostumbrados, porque cuando salgo con ellos, lo más probable es que de todos modos termine en la milonga, con lo cual ya acudo disfrazada.

Porque nadie me va a quitar de la cabeza que todo esto no es más que un disfraz.
.

sábado, 21 de junio de 2008

Los códigos de la milonga

Algunos milongueros los conocen. Otros no tienen idea de su existencia y no les parece importar demasiado. Otros los conocen pero los ignoran: en la milonga existen códigos que se supone hay que respetar cuando uno pisa estos lugares que son algo así como antros sagrados.


Algunos son partidarios de que en la milonga haya que pagar derecho de piso. Yo no. Yo creo que si fuera el caso en todas las milongas, el tango habría desaparecido desde hace rato.


Pero me parece bien que algunos lugares conserven esas tradiciones un poco anticuadas, es más, me parece fantástico, y soy una defensora de la permanencia de esos códigos -a pesar de que no los practico- por una razón de conservación del pa
trimonio histórico.

Se podría comparar con la danza clásica. Alguna vez un amigo me preguntó por qué se seguían manteniendo compañías de danza clásica, con lo anticuado que es. Le respondí que la danza clásica es nuestro patrimonio cultural, que a nadie se le ocurriría hacer desaparecer las orquestas filarmónicas clásicas bajo pretexto de que ahora existe la música contemporánea.

Pues bien, en la milonga ocurre lo mismo. Me parece muy bien que existan milongas tradicionales en las que se conserven, alimenten, cuiden los códigos establecidos a principios de siglo, y que garanticen la perennidad de la tradición.

¿Cuáles son estos códigos?


Yo los dividiría en dos grupos: los de la pista y los de fuera de la pista.

Los códigos en la pista:

  • Se baila en sentido contrario a las agujas del reloj. Algún orden tiene que haber para que la gente no se choque...
  • Existen varios carriles/círculos, desde el más grande en el borde de la pista, hasta el más pequeño en el centro.
  • Los bailarines principiantes bailan en los círculos internos para no molestar la circulación de los que bailan mejor (o creen hacerlo)
  • No se debe pasar de un carril a otro. Si la pareja que está adelante no avanza, pues se espera. Uno no se tiene que meter en otro carril con el argumento de que ahí sí hay lugar, porque puede provocar accidentes (el tango es peligroso...)
  • No hay que encerrar a la pareja que está adelante. Hay que dejarle el espacio necesario para dar los pasos correctamente, y pensar que esa pareja que nos precede puede dar un paso hacia atrás, hacer un giro, etc.

En las milongas en las que se respetan a rajatablas estos códigos, no es infrecuente que se "corra" a un bailarín desobediente. Un codazo por aquí, otro empujoncito por allá, y el pobre infeliz queda fuera de la pista. No es de extrañarse que los jóvenes sean reticentes a pisar una milonga...

Pero tengo que reconocer que estos códigos en la pista son imprescindibles para que todos puedan bailar tranquilamente (sin golpes ni taconazos ni empujones), y me revienta cuando bailo con alguien que no los respeta.

Los códigos fuera de la pista (para sacar a bailar)

  • Mujeres, éste es un mundo machista, así que el que saca es el hombre.
  • Para eso, se usa la técnica del cabeceo: cuando un hombre quiere sacar a bailar a una mujer, realiza un leve cabeceo (miopes abstenerse) que significa: "¿Bailás?". La mujer tiene dos opciones:
    • quiere bailar con ese hombre: le devuelve el cabeceo, se levanta y se dirige hacia la pista, pero eso sí, no va al encuentro del hombre: es él el que se tiene que acercar hasta ella.
    • no quiere bailar con ese hombre: simplemente lo ignora, hace como que no lo vio, y sigue con la mirada dispersa por el salón.
      Esa técnica permite que el hombre no se coma el garrón de que todos vean que fue rechazado: el honor varonil está a salvo.
  • Durante el baile no se habla (y por favor, hombres, ¡tampoco se canta! Nada más desagradable que tener en el oído el eco desafinado del tango que estamos bailando cantado por nuestra pareja).
    En general se suelen pasar tandas de tres o cuatro tangos de una misma orquesta. Entre tango y tango es el momento de la conversación y/o el chamuyo ("¿Venís a menudo a bailar acá?", "Qué lindo que bailás, ¿con quién aprendiste?", "La pista está terrible, hoy, no?", "¿Cómo te llamás?", "¿Sos de acá?", etc. etc.).
    Aunque ojo, en general a las milongas se va a bailar, no (o no necesariamente) a levantarse a alguien. O sea que no está mal visto que una mujer se siente sola en una mesa a la espera de que la saquen a bailar.

    De hecho existe una milonga, Cachirulo, en la que las mujeres solas se sientan de un lado de la pista, y los hombres solos del otro, enfrentándose.
  • Luego del final de la tanda, marcada por una cortina que dura unos segundos, el caballero acompaña de vuelta a la dama a su mesa, por si se pierde en el camino, vio...
  • Si la dama está sentada en una mesa con un caballero, nadie la va a sacar a bailar: es propiedad privada. Salvo que el caballero baile con otras y que entonces esté claro que la pareja es tipo swinger.
  • Algunos dirán que la mujer también tiene un papel activo en eso de sacar a bailar: si ella quiere bailar con un hombre, puede mirarlo con insistencia hasta que éste entienda y la saque a bailar. Yo no estoy muy de acuerdo con esa interpretación: la propuesta final siempre la hace el hombre. O sea que la mujer, por más participación que pueda tener en el cabeceo, siempre tendrá un papel más pasivo que el hombre.

Como verán, yo no soy muy partidaria de esos códigos para sacar a bailar, y prefiero elegir milongas o prácticas donde ya no estén vigentes, o ya no de manera tan sistemática.

¿Por qué tienen que existir estos códigos, según sus defensores?

Primero y antes que nada, porque el tango es una actividad social. No es como una clase de body-combat o de spin
ning en la que vas sol@ y no te preocupás por lo que pasa alrededor. Tiene que haber una estructura que permita que nadie se sienta invadido por el otro.
En las milongas tradicionales, primero se mira, hay que esperar a que la gente se acerque a uno, pagar un derecho de piso. A veces, esto significa no bailar en toda la noche.

Con el cabeceo se evitan situaciones incómodas: el hombre evita el desaire de que le digan que "no" delante de todos (todo se hace muy discretamente, sólo se enteran el hombre y la mujer). La mujer evita que la vengan a sacar directamente, lo cual puede provocar situaciones muy tensas si ella no tiene ganas de bailar con esa persona: decir que "no" puede ser percibido como una agresión. Además, algunas mujeres no se atreven a decir que no, se sienten obligadas y terminan bailando con hombres con los cuales no tenían ganas de bailar: feo feo.

Ahora, todo esto funciona en un ambiente algo antiguo en que "las mujeres no se atreven", "los hombres tienen que salvar su honor", "las mujeres no sacan y esperan a que alguien las mire", etc.

Yo soy de una generación en la que el honor del hombre pasa por otro lado, las mujeres pueden sacar directamente a bailar (y a muchos hombres eso les encanta), y nadie se siente ofendido por esas cosas. Por supuesto, voy a tener ciertos cuidados: si veo a una pareja sentada en una mesa, no voy a ir a sacar al hombre, por miedo a interrumpir algo. Esperaré a que ella vaya a bailar con otro, o me olvidaré de bailar con él.

Eso sí: ya que soy de las mujeres que sacan a bailar, yo también me tengo que comer el garrón de que me digan que "no" sin ofenderme. Es el precio a pagar por mi libertad...

Y ustedes, ¿qué piensan de estos códigos?

Segunda foto extraida del documental Milonga, el abrazo del tango, de Mafalda Trotta y Federico Ferrario